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jueves, 26 de marzo de 2009

Luna de otoño

Sumario: El gran dia para los Asakura llega.

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Era una noche fría de otoño. La luna se alzaba sobre la mansión de los Asakura en Izumo. El joven Yoh observaba la luna, intentando relajarse. No le resultaría difícil hacerlo si lo que le esperaba al día siguiente fuese un combate. Pero no lo era.

-¿No podéis dormir, amo? –El espíritu acompañante de Yoh, Amidamaru, apareció a su espalda.

-No, Amidamaru, no puedo. Mañana es un gran día.- Yoh sonreía como siempre, de forma despreocupada, haciendo menores sus inquietudes.

-La joven Anna también debe de estar nerviosa. Ha trabajado mucho para que mañana salga todo bien.

-Si, lo sé. Incluso accedió a invitar a los chicos. Aunque me costó convencer a Anna de que Chocolove no actuaría después del banquete.- Dijo Yoh riendo. Se giró para ver el rostro del samurai.- Gracias por ayudarme tanto, Amidamaru. ¿Te importaría dejarme solo un momento?

-Claro que no, amo. Si me necesitáis, llamadme.- El espíritu habló antes de desaparecer.

Yoh salió de la habitación y caminó hasta la puerta de su prometida. Yoh sabía que, pese a la apariencia tranquila de Anna, ella estaría tan nerviosa y despierta como él.

-¿Puedo pasar?- Preguntó Yoh llamando a la puerta.

-Adelante.- Respondió la joven sacerdotisa.

Yoh entró en la habitación de su prometida, a la que halló observando la luna, tan tranquila como siempre.

-¿No puedes dormir?- Preguntó el chico.

-¿Acaso tú sí?

-Tampoco.- Rió Yoh. El chico caminó hacia la ventana, situándose junto a su prometida.

El tiempo pasaba, sin que ninguno de los dos dijera nada. Pronto amaneció.

-¿Nunca te he dicho “te quiero”, no?- Dijo el chico.

-Nunca, aunque tampoco es necesario.- Yoh se giró para mirar a los ojos a Anna.

-Te quiero.- Dijo el chico.

Ella no dijo nada. Se giró hacia Yoh, mirándolo a los ojos. Yoh se acercó a ella, y la besó. Cuando se separaron, se escuchaban pasos por el pasillo. Los habitantes de la mansión se preparaban para el gran acontecimiento.

-Debo ir a prepararme, Anna. Luego nos vemos.- Yoh caminó hacia la puerta.

-Yoh, espera.- El chico se giró.- Yo… también te quiero.

-Lo sé, Anna.- Yoh salió de la habitación, dejando a Anna sumida en sus pensamientos. Hoy se celebraría el día que tanto había esperado.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Sólo sonríe

Fandom: Shaman King

Sumario: Yoh es observador, aunque nadie lo crea. Por eso él se ha dado cuenta que Ren ya no sonríe, ¿por qué no lo hace?. Shonen ai.

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Piensas que debe de ser impresión tuya, pues al parecer nadie más parece notar algo extraño y, en vez de preocuparte por el hecho de que –al parecer- le estas prestando más atención de la necesaria al asunto, te preocupas por comprobar si es cierto o sólo un producto de tu imaginación.

Esa noche decides actuar, aprovechando que todos tienen cosas que hacer y así que sabes que nadie te molestara. Haces tu primer movimiento cuando él decide tener un poco de tranquilidad en el jardín. Le sigues y, cuando te aseguras que están a solas preguntas sin chistar:

―¿Por qué ya no sonríes? ―Ren te mira extrañado. Su primera reacción fue sorprenderse al ver que le seguiste, pero ahora sólo queda confusión en su rostro, como si no entendiera a qué te refieres, pero tú eres necio, por lo que se lo aclaras un poco y vuelves a preguntar, aunque con otras palabras―. Desde que regresamos de China estas más serio que antes. Ya no sonríes ¿Por qué?

El joven Tao al parecer solamente atina a soltar un suspiro y mover la cabeza de un lado a otro, como si se estuviera diciendo internamente que se encontraba hablando contigo y que aquello no debería de sorprenderle. Aunque tú fuiste capaz de notar ese gesto de verdadera sorpresa que duró pocos segundos en sus ojos, como si no creyera que fuera posible que te hubieras dado cuenta.

―Son imaginaciones tuyas, Yoh.

Pero sabes que no lo son. Así que decidido, te acercas a él y tomas su barbilla entre tus dedos, obligándolo a que te mire. Tal vez sea por la cercanía o porque no se esperaba aquel movimiento, pero en sus ojos puedes notar un brillo peculiar que, sin saber por qué, te gusta mucho.

―No lo son y lo sabes ―dices muy cerca de su rostro, pasando por alto el leve sonrojo que se apoderó de sus mejillas―. Ren, me gusta cuando sonríes, así que no dejes de hacerlo ¿Vale? ―le dices de manera seria para finalizar con una gran sonrisa, luego de soltarlo.

Ren parece un tanto perturbado y sólo atina a asentir, pero al notar que no despegabas tú vista de su rostro sonríe tenuemente, haciendo que ese simple gesto te ponga muy contento.

―¡Así esta mejor! ―gritas contento, ganándote una mirada de fastidio de parte del chico.

Deciden pasar lo que resta de la noche afuera, admirando el paisaje e intentando que la plática no sea un simple monólogo –o al menos tú lo intentas-. Y, sin comprender la profundidad de aquel pensamiento que te ronda la mente, tú, Yoh Asakura, te prometes que nunca dejaras morir la sonrisa de aquel rostro, puesto que las palabras que pronunciaste hasta hace unos segundos fueron sinceras. A ti te gusta más Ren Tao cuando sonríe.

Debilidad

Fandom: Shaman King

Sumario: Era débil, lo aceptaba y aunque quisiera evitarlo, aunque ella le consolara, eso no cambiaría.

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Lizerg se encontraba fuera del barco, sentado en el muelle y abrazándose los pies. Había sido regañado nuevamente por Marco al haber demostrado debilidad cuando estaba enfrente de Yoh y sus amigos. No lo entendía, pero cada vez que estaba enfrente de ellos, de él, comenzaba a dudar de todo lo que había creído desde que sus padres murieron.

Se llevó una mano a su mejilla, sintiendo el ardor en la misma. Se limpió una lágrima que había escapado de sus ojos y se molestó consigo mismo, porque Marco tenía razón, seguía siendo muy débil. Si seguía así sería imposible que pudiera llevar a cabo su misión y él lo que más quería era eliminar a Hao.

―¿Estas bien? ―preguntó una suave voz a su espalda. El chico de cabellos verdes se levantó y volteó sorprendido, más al ver de quien se trataba.

―Si, no se preocupe ―dijo casi de forma automática, inclinándose en una pequeña reverencia.

Jeanne lo miraba con expresión tranquila, a pesar de que en sus ojos podía notarse un suave brillo de preocupación. Se acercó a él y posó su pequeña mano sobre la mejilla enrojecida del chico, haciendo que este se sorprendiera.

―Puede ser doloroso, pero es por tu bien ―murmuró.

Lizerg apretó los puños mientras cerraba los ojos con fuerza, sin poder aceptar el que ella le viera en ese estado. Pero dejó de pensar en eso al notar cierta calidez rodeando su cuerpo. Cuando abrió los ojos se sorprendió de lo que vio. Jeanne, la Doncella de Hierro, lo estaba abrazando, al parecer, con la intensión de consolarlo.

El chico no pudo evitar que sus ojos se humedecieran, pero al sentir como la chica le estrujaba, terminó correspondiendo, ocultando su rostro en el hombro de la misma.

A lo lejos, y sin que ninguno de los dos se diera cuenta, Marco miraba todo desde hace rato. Se llevó una mano a los lentes, acomodándoselos, para después dar media vuelta, marchándose de ahí.

―Demasiado débil ―murmuró, antes de ingresar al barco.