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martes, 24 de marzo de 2009

¿Qué ves?

Sumario: Y tú... mira las nubes y dime: ¿Qué ves?

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Shikamaru encendió de nuevo un cigarrillo y, tras llevárselo a los labios, colocó ambos brazos bajo su cabeza a modo de almohada.

Era casi mediodía y los rayos de sol le bañaban el rostro, impidiéndole ver con claridad las blancas y frondosas nubes que surcaban el cielo.

En momentos como ése, al inspirar el aroma del tabaco y sentir el calor del sol sobre su cara, Shikamaru no podía evitar acordarse de Asuma. En ocasiones, el rostro de su maestro aparecía perfilado en algunas de las nubes que tanto le gustaba mirar. Entonces, el muchacho se reprendía mentalmente por su ingenuidad. Las nubes no adoptaban formas. Simplemente, eran gotas de agua en suspensión. Pensar aquello no tenía ninguna lógica. Estaba seguro de que su maestro, estuviera donde estuviera, se hubiese reído de él si le hubiese contado que veía su cara en las nubes.

No pudo evitar que un amago de una sonrisa apareciese dibujado en su rostro. Cerró los ojos y se dejó llevar por el silencio del lugar.

-¡¡CERDAAAAAA!!

¿Alguien había mencionado silencio?

Shikamaru ladeó la cabeza para comprobar que, efectivamente, había alguien más allí. A escasos metros de él, una muchacha de cabellos rosados y ojos verdes parecía estar buscando a alguien y, a juzgar por la vena que le latía en el cuello, seguro que no le esperaba nada bueno. Entonces, Sakura pareció reparar en la presencia de Shikamaru.

-Ay, perdona Shikamaru, no te había visto –dijo arrastrando las palabras. El muchacho pensó que, teniendo en cuenta que se encontraba tumbado en el suelo cuan largo era, la pelirrosa necesitaba una urgente revisión de la vista, pero no dijo nada-. ¿Has visto a Ino? Cuando la coja se va a enterar…

Shikamaru bostezó con pereza. Aquellas dos siempre estaban igual. Que si una le tira picante en el ramen, que si la otra le pisa el pie, que si, uy, se me ha ido la mano y sin querer te he pegado… Aquello era un pique constante. “Problemáticas”.

-No, no la he visto.

El Nara pensó que tras aquella breve información Sakura se iría pero, para su sorpresa, la pelirrosa se sentó en el suelo y respiró hondo. Al parecer necesitaba recuperar el aliento. No había que ser un genio para adivinar que habría estado persiguiendo a Ino por más de media Konoha y que ésta le había dado esquinazo.

Shikamaru decidió que era mejor ignorarla. Bastaba un simple comentario para que las mujeres comenzaran a charlar por los codos. Sakura le caía bien, pero prefería el silencio a una conversación insulsa. Además, hablar suponía un esfuerzo extra que él no estaba dispuesto a pagar.

-Oye, Shikamaru, ¿qué haces aquí, por cierto? –dijo la muchacha una vez se sintió con fuerza suficiente como para abrir la boca de nuevo-. En la azotea de una academia no es que haya muchas cosas por hacer…

Bueno, pero al parecer no todo el mundo tenía la misma opinión que él acerca de lo maravilloso que podía resultar ser el silencio.

-No hago nada –dijo con parsimonia-. Miro las nubes.

La pelirrosa pareció meditar unos segundos la respuesta de Shikamaru para, finalmente, añadir:

-¿Por qué?

Vale, fin de la tranquilidad. Una mujer tenía ganas de hablar con él.

-Por ningún motivo en particular. Me gusta mirarlas.

Pudo percibir por el rabillo del ojo como Sakura esbozaba una amplia sonrisa.

-Cuando era pequeña a mí también me gustaba mirarlas. Me pasaba horas intentando encontrarles formas…

Shikamaru curvó la comisura de los labios en una media sonrisa. Al parecer no era el único que encontraba formas en las nubes. Aunque claro, ella no había mencionado nada de un maestro fallecido…

Cuando quiso darse cuenta, Sakura se había tumbado a su lado y también contemplaba el cielo.

-Qué recuerdos… Hacía años que no lo hacía… -dijo mientras usaba la mano para impedir que el sol le diese en los ojos.

Shikamaru no hubiese sabido decir cuánto tiempo permanecieron así, contemplando las nubes sin decir nada. Posiblemente bastantes minutos, porque, cuando Sakura volvió a hablar, el Nara casi se había dormido.

-Un pastel –exclamó ésta de sopetón.

Por un momento, el Nara no tuvo ni la más remota idea de lo que estaba hablando. La miró sin comprender.

-Ésta nube de aquí –aclaró la ojos de jade, señalando una frondosa masa blanca con el dedo-. Parece un pastel… -añadió con una sonrisa.

Shikamaru miró en la dirección que ella le señalaba y se topó con una nube que tenía forma de todo menos de pastel.

-Pff… Creo que definitivamente necesitas una revisión de la vista, Sakura –dijo con una sonrisa burlona-. Por si no te has dado cuenta, esa nube es muy alargada para ser un pastel –la pelirrosa fue a replicar algo, pero el Nara la interrumpió-. Yo lo veo más como un kunai, ¿no crees?

-¡Sí, ya, tiene forma de conejo, no te fastidia! –bufó ella con ironía.

-No, ésta nube no, pero aquélla sí. Mira. –le señaló una nube un poco más pequeña que se encontraba algo más alejada.

-¡Eh, es verdad! –admitió al mismo tiempo que soltaba una carcajada- Pero es un conejo muy gordo, ¿no?

Cuando quiso darse cuenta, se encontraba enzarzado en una absurda discusión sobre el peso del conejo y el pastel con forma de kunai. Si alguien hubiese escuchado en algún momento aquella inusual conversación hubiese pensado que, como poco, aquellos dos chicos necesitaban un par de sesiones de psicólogo.

Shikamaru tardó más de diez minutos en darse cuenta de que estaba hablando innecesariamente de algo carecía de la más mínima importancia. Aquello no era algo propio de él. Pero eso no fue lo que más le sorprendió; lo que verdaderamente le chocó fue darse cuenta de que, a pesar de todo, no se lo estaba pasando nada mal en compañía de Sakura. Jamás pensó que podrían encontrase formas tan diversas y variadas en aquellas masas de agua en suspensión.

-Aquélla –dijo Sakura señalando con el dedo índice una enorme nube que había justo encima de sus cabezas.

-Umm… un pez.

Ella soltó una carcajada.

-Yo había pensado que más bien parecía una camiseta a la que le falta una manga…

-¡Sí hombre, y qué más!

Ambos rieron de buena gana hasta que, pasados unos segundos, volvieron a quedarse callados. Permanecieron así durante varios minutos y, por primera vez, a Shikamaru comenzó a molestarle el silencio de la pelirrosa. Se animó a echarle un vistazo y le sorprendió comprobar que su semblante se había tornado serio de pronto. Por un momento, tuvo la necesidad de preguntarle qué le sucedía, pero se contuvo. La elocuencia no era su fuerte y no supo muy bien qué decir en aquellos momentos: “¿qué te sucede?”, quizás. Afortunadamente, ella habló antes de que el nerviosismo comenzara a apoderarse de él.

-¿Sabes que cuando era pequeña mi padre me decía que lo que veía en las nubes eran manifestaciones de mis deseos inconscientes?

Shikamaru parpadeó un par de veces sin comprender. No entendía a qué venía aquello.

-Pues no, no lo sabía…

Merecía que le diesen el premio a la respuesta más original.

Ahora sí que Sakura parecía verdaderamente triste. Mantenía los ojos fijos en el cielo casi sin parpadear. Shikamaru siguió la dirección de su mirada y vio una nube con una forma algo extraña… era una especie de círculo abierto en diferentes segmentos… Verdaderamente, era una nube de lo más inusual.

-¿Qué es lo que ves en esa nube?

Shikamaru no supo de dónde había salido aquella pregunta. De sus labios no, por supuesto. O bueno, quizás sí… ¡Vale, aquella chica lo estaba descolocando por completo!

Sakura lo miró algo azorada y, de pronto, se incorporó rápidamente.

-Lo siento, me parece que te estoy estropeando la fiesta…

La ojos de jade hizo ademán de irse, pero Shikamaru la sujetó por la muñeca.

-No, no me estás estropeando nada, Sakura. Al contrario –la muchacha lo miró fijamente unos segundos-. Quédate.

Aquel no era él. Estaba seguro de que no era él. Él no podía estar diciendo todo aquello. Pero, sin saber muy bien por qué, se sentía incapaz de apartar los ojos de Sakura y mucho más incapaz aún de soltarla y dejarla marchar así.

Lentamente, la pelirrosa volvió a sentarse en el suelo y Shikamaru, a su vez, aflojó la presión que ejercía sobre su muñeca. Permaneció a la espera, expectante. La ojos de jade carraspeó, algo incómoda.

-Es una tontería, de verdad. No me hagas caso…

-¿Qué ves? –preguntó de nuevo el muchacho.

Sakura pareció dudar unos instantes, pero finalmente, habló.

-Por un momento me ha parecido ver el sharingan de Sasuke ahí arriba… observándome…

Al acabar la frase, un leve rubor le cubría las mejillas y parecía a punto de echarse a llorar. Guiado más por su instinto que por la razón, Shikamaru posó una mano en el hombro de la muchacha, intentando reconfortarla aunque sólo fuera un poco.

-Desearías que volviese, ¿verdad? –lo dijo casi sin pensar, pero una vez dicho, ya no había marcha atrás.

-Parezco estúpida, ¿verdad? –dijo mientras una rebelde lágrima le resbalaba por la mejilla.

El silencio volvió a caer sobre ellos. Pero, tras unos segundos de reflexión, el Nara dijo algo que le quemaba la garganta desde hacía rato.

-Asuma.

-¿Cómo? –Sakura parecía no haber entendido.

-Yo veo a Asuma en las nubes –Sakura entreabrió la boca, ligeramente sorprendida. El Nara fijó sus oscuros ojos en los verdes de ella. Era la primera vez que sus ojos se encontraba directamente-. No, no me pareces estúpida. Creo que eres como yo. Una persona que, inconscientemente, desearía que sus seres queridos estuviesen con ella y que jamás se hubiesen marchado.

Sakura permaneció unos instantes callada, incapaz de cerrar la boca. En aquel preciso instante, sintió que sus pensamientos armonizaban con los de Shikamaru a la perfección. Como si estuviesen conectados por un extraño entramado de finos hilos entrelazados entre sí.

Cuando quiso darse cuenta, su mano se encontraba sobre la de Shikamaru. Éste le dio un leve apretón en señal de comprensión.

En el ambiente algo había cambiado. El aire se había tornado de pronto más pesado y empezaba a hacer algo más de calor.

Antes de que los dos muchachos hubiesen podido identificar qué diablos había cambiado allí, una estrepitosa voz chillona cayó sobre ellos como un cubo de agua helada.

-¡¡FRENTUDAAAAAA!! ¡¡ES QUE YA NI DE ATRAPARME ERES CAPAZ!!

Shikamaru y Sakura se separaron rápidamente y, algo azorados, miraron abajo. Desde arriba de la azotea pudieron ver como Ino, que desde abajo los había visto, hacía burla a Sakura. Definitivamente, y dijesen lo que dijesen, aquellas dos disfrutaban peleándose.

La pelirrosa miró a Shikamaru. Éste le dedicó una de sus características medias sonrisas.

-Si no bajas tú, subirá ella –le dijo mientras le guiñaba un ojo en señal de complicidad.

Sakura le dedicó también una sonrisa. Permanecieron mirándose unos instantes más hasta que, finalmente, la muchacha se levantó y se dirigió hacia las escaleras. El Nara volvió a tumbarse.

-Shikamaru –lo llamó Sakura cuando ya tenía un pie en el primer peldaño.

Éste ladeó la cabeza lo justo para que ella pudiese verle el perfil de la cara.

-Gracias

Y dicho esto, desapareció por las escaleras.

Shikamaru suspiró y sacó otro cigarrillo del bolsillo. “Mujeres”, pensó. “Sólo traen problemas”.

Pero, por un momento, en una diminuta nube que había justo a su derecha, le pareció ver dibujada en ella el rostro sonriente de cierta pelirrosa. Inmediatamente después, la imagen desapareció.

¿Alguna vez...?

Sumario: Sasuke encuentra humillante responder a la inesperada pregunta.

-.-.-

Protegidos por cuatro paredes, ocultos de la presencia de otros, se tumban en el suelo que no les resulta tan incómodo cuando están juntos, aunque no se percaten de semejante efecto entre sus frases cortas y abundantes insultos, en donde una mirada basta para entenderse y una palabra es lo suficiente poderosa para crear una batalla en la habitación cerrada. Ninguno asegura nunca quién fue o es el ganador.

A pesar de tal distracción, están atentos a su alrededor y de cualquier movimiento sospechoso. La misión aún sigue siendo lo primordial entre los “idiota”, “engreído” y los golpes ocasionales que buscan tocarse.

Es en una noche usual (todo lo usual que puede caber en un ninja en una misión de espionaje en una aldea enemiga), cuando la pregunta de uno aturde al otro.

—¿A qué te refieres, idiota? —Sasuke no comprende lo que ahora se le ha ocurrido a Naruto, el chico escandaloso con un afán tremendo por sorprende a la gente. Y esta vez sí que lo ha sorprendido.

Naruto ignora el calificativo por el momento, pone una pose que le indica a Sasuke que debatirán un asunto importante. Lo más seguro es que sea tan simple que es complejo en su simpleza. Le mira con esos ojos azules que le penetran y le hacen fijarse en él por una vez, olvidando cómo se debe dirigirse a alguien inferior y que esa atención puesta en él no es permisible de ningún modo.

—Si alguna vez te han acariciado, Sasuke. ¿No recuerdas?

El tono de Naruto no es burlón, más bien es uno profundo e innatural en su persona, pero Sasuke lo toma así por su contexto. Porque Sasuke intenta recordar, pero nada parecido a una caricia le llega a su mente. Y es humillante aunque no deba serlo, porque semejante contacto con otro es inútil y le desvían de su verdadero camino.

—¿Para qué quieres saberlo? Ocúpate de tus asuntos y déjame tranquilo.

Así Sasuke pretende cortar la extraña –e insoportable- situación, pero falla. Naruto es insistente, y cuando quiere una repuesta no para hasta conseguirla.

—Como siempre, antipático. —Su insistencia no carece de las verdades de uno de los últimos Uchihas—. Me refiero a cualquier tipo de caricia, no sólo a las del tipo que se dan las parejas y eso, ¿lo capta tu prodigioso cerebro o tengo que explicártelo más lento?

Eso da otra visión a la cuestión. Una aparentemente menos humillante.

—Cállate, idiota —le gruñe y piensa.

Piensa y piensa y llega a lo mismo. No recuerda ninguna caricia, ni siquiera en su nublosa infancia. Mientras se da cuenta de aquella realidad, Naruto espera la estúpida respuesta que tendrá que darle porque entonces no lo dejará tranquilo.

—Hm… no —dice, al final. Mentir es un acto sin sentido con Naruto—. Búrlate si quieres pero en realidad no me importa.

Naruto asiente, Sasuke logra visualizar un pequeño amago de sonrisa que lucha por controlar. Oh, siente ganas de usar algún jutsu con él, pero no es el momento adecuado. El enemigo está cerca y enfrascarse en una pelea no es la mejor maniobra para pasar desapercibidos y mantenerlo vigilado.

Pero la risa de Naruto se descontrola hasta alcanzar sus oídos, y justo cuando voltea para darle un puñetazo y hacerle volver a la realidad “esto es una misión no un puto salón de juegos”, deja de reír y se dedica a mirarle con sus ojos azules que ya se ha dicho que le penetran. Mierda y mil veces mierda, porque Sasuke se queda desarmado ante esa mirada y aunque jamás lo acepte no podría hacer nada ante el brillo de esos ojos y la resolución de ese ninja especialista número uno en sorprender a la gente.

La mano de Naruto comienza suave, lenta sobre su propia mano hasta subir por su brazo y llegar hasta su pecho, en donde atraviesa la ropa para llegar hacia la piel. Y toca.

Le toca.

Y es como miles de cosas que ha sentido antes con cada golpe o agarre de Naruto, pero ahora lo siente como nunca porque esos dedos ásperos pasan sobre su piel con la gracia de un experto, se concentran en cada milímetro de ella, calentando mucho más que el cuerpo. Sube hacia su garganta y Sasuke no se atreve a tragar saliva mientras que hace círculos cerca de su manzana de Adán. Llega hacia su rostro, y palpa sus mejillas, la nariz y esos parpados que se atreven a cerrarse ante la caricia. La otra se encamina hacia su estómago y la que está en su rostro no tarda en seguirle, porque Naruto ha decidido que sin duda más abajo es mucho más agradable.

Abrir el cierre y bajarle los pantalones es tarea fácil con un Sasuke de piernas abiertas. Se agita su cadera y se encuentra con su miembro buscando a Naruto. Y el condenado no se quiere hacer esperar, porque una descarga indescriptible le invade por todo el cuerpo cuando sus testículos quedan a merced de esas manos.

Suelta un mierdasigueasí tan rápido que se le enreda la lengua y tiempo después se convencerá que nada semejante salió de sus labios. Naruto le dirá entonces que muchas cosas salieron de sus labios.

Pero en ese momento nada importa más que ese hombre que le lleva al clímax con algo jamás experimentado con otra persona. Que lo hace derramarse sobre Naruto y morderse el labio para no gritar.

Jadeante, se recuesta en el suelo y Naruto se coloca a su lado, abrazándole por la cintura con una sonrisa satisfecha que no se le desaparecerá del rostro por un buen tiempo.

Después de unos cuantos segundos, Sasuke vuelve a la realidad y lo aparta brusco hacia un lado.

—¡Concéntrate de una vez! —El reclamo no tiene el efecto debido, como ambos saben.

Vuelven a sus puestos, obligados a averiguar qué se perdieron en su estado ausente hasta comprobar aliviados que nada ocurrió. Luego, una duda rebelde le asalta a Sasuke, que casi se obliga a preguntarle a Naruto:

—¿Y qué hay de ti? ¿Alguna vez te han acariciado?

Y Naruto le responde con una sonrisa, de esa en la que la mitad es falsa, perfecta para ocultar años de abandono por toda una aldea.

—Nunca. Al menos, no hasta ahora.

En la afirmación, Sasuke capta lo que quiere decir.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Piel como lienzo

Sumario: La tentación es fuerte y la carne es débil, sobretodo cuando tus dedos son pinceles y conviertes mi cuerpo en tu lienzo.

—

Se parecía tanto a él que su cuerpo se estremecía espontáneamente de sólo mirarlo. Apenas se pudo reponer de la impresión inicial, la siguiente que tuvo fue aquella que le dijo que no iba a poder sacarse su rostro de la cabeza. Los mismos gestos, las mismas facciones, el mismo modo de caminar. No pudo evitar seguirlo, aunque no se lo hubiera pedido, seguro lo hubiera hecho. Sin dudar, sin detenerse a pensarlo, su mente se nublaba y dejaba de dictar sobre su cuerpo.

Extraña sensación deliciosa.

— Sígueme. —

Una palabra suya fue suficiente para que fuera con él incluso al infierno. Quizá era culpa de sus ojos, tan parecidos a los de él, quizá el tono de su voz, algo había ahí también. Lo cierto es que no pudo evitar seguirlo, un par de pasos detrás, reteniendo las ganas de correr a su lado, a donde quiera que fueran.

Todo parecía tan sencillo cuando tenía la mente en blanco. Se desarmaba.

Si alguna vez estuvo ansioso, fue en ese momento. Sudaba frío y ya tenía algunas gotas saladas corriendo sobre su nuca mientras sus piernas avanzaban automáticamente. Fue cuando escuchó su voz de nuevo. ¿Cuánto habían caminado? El tiempo y el espacio eran sólo una ilusión, que bueno que por lo menos se pudiera dar cuenta de ello.

— Sólo una condición. —

Dijo en ese tono de voz tan apagado que de pronto le erizaba la piel. Se podía quedar oyéndolo el día entero, si podía contener el temblor de sus piernas también. Aunque si cerraba los ojos…

Se parecía tanto a…

—Ni una sola palabra. —

Mirando dentro de sus ojos oscuros, haría lo que quisiera, lo que fuera.

— Está bien.–

Aceptar su única condición le costó tan poco trabajo que hasta sintió vergüenza por ello. Pero la ansiedad era más fuerte, casi angustiante como para detenerse por nimiedades, así que siguieron caminando. El recorrido pronto terminó.

Transpiraba aún más frente a la puerta de madera y metal. Podía jurar que le tomó un siglo abrirse a la oscuridad escondida tras la puerta. Itachi dio el primer paso, lentamente, como saboreando la expectativa. Se detuvo un poquito más allá cuando la puerta se cerró tras ambos.

Oscuridad, quizá el sharingan podía contra ella. De repente si esperaba que los suyos se acostumbren a la falta de luz se sentiría menos vulnerable. Lo hizo aún más pronto de lo que esperaba, porque pudo ver a través de la penumbra como un animal nocturno. Fue entonces cuando supo a ciencia cierta que no podía cederle ni un milímetro de terreno a Itachi. Era demasiado tarde para retroceder ahora, aun muy pronto para empezar a reclamar. Se detuvo justo a tiempo, al descubrir que estaba equivocado. El cumplía con su promesa, entonces le tocaba cumplir con su parte del trato.

Empezó ahogando la impresión que le causó la imagen delante de él, la contuvo en su garganta como un profundo suspiro. Ni una palabra, en eso habían quedado, tenía que recordarlo. Iba a ser más difícil de lo que alguna vez pudo imaginarse. Cuando su espalda golpeó la pared, en un intento desesperado de huir de ese lugar lo supo bien

— Hermano… ¿Eres tú? —

Aunque quisiera huir Sasuke frente a él esperaba una respuesta. Su voz tenía una nota de ansiedad y otra de tristeza. Tal y como lo veía en sus sueños, pero no combinaba con el escenario que los rodeaba. Se parecía al hermano menor de Itachi, pero ese no podía ser él. Tenía que ser parte de una pesadilla o algo peor.

—¿Her… Hermano? —

Sonaba como un niño perdido llamando a su madre. Hubiera querido responderle al instante, como hubiera querido encontrar su voz en aquel oscuro agujero en el que se encontraban metidos los tres.

— ¿Esperabas a alguien más, Sasuke? —

Por un glorioso momento se había olvidado de la presencia de Itachi. De pronto no estaba seguro de como sucedió pero no podَía moverse de donde estaba, pegado contra la pared. En ese momento tuvo tantas ganas de hundirse dentro de ella.

— No, hermano, es que…—

Sasuke giró el rostro hacia donde provino el sonido de la voz de su hermano. Podía jurar que estaba del otro lado de la habitación. Entonces lo que había escuchado fueron pasos ajenos a los de Itachi, acercándose. Empezaba a ponerse muy nervioso.

—Me pareció que alguien más…. No fue nada. —

Susurró.

El rubio sintió deseos de gritar, de correr, de llorar. Cerrar los ojos y al abrirlos estar lejos del mal sueño que estaba teniendo. Aunque sabía que no estaba soñando, deseaba que fuera una ilusión, una en donde a Sasuke le costaba trabajo moverse y a simple vista se podía ver el motivo. Quizá porque tenía las manos atadas reposando sobre sus rodillas y un collar de animal rodeando su garganta, con una gruesa cadena se desprendía de esta atándolo a una de las paredes que los rodeaban. No podía decidir que era lo peor, si verlo atado de ese modo o esa venda que cubría sus ojos.

Tan cerca y tan lejos. Frente a él, aunque no lo pudiera ver, sin saber que estaba ahí, que había ido a buscarlo. Sólo le quedaba fundirse en el deseo de que notara su presencia, escuchara su respiración pesada y pudiera percibir el latido de su corazón que palpitaba tan fuerte, tanto como para tumbar las paredes con su sonido.

Maldito Itachi, alcanzó a pensar mientras hacía el esfuerzo de recobrar el aliento. Lo perdió junto con las ganas de seguir vivo, al tener lo que tanto buscaba y no poder alcanzarlo. En vez de eso encontró algo siniestro en sus ojos. El color sangre brillaba de un modo especial cuando se acercó a su hermano. Mirando fijamente en su rostro, apagando la luz de sus ojos azules.

Había algo que no lo dejó echar la vista a un lado, como si la cadena que sujetaba a Sasuke hiciera lo mismo con él. Siguió los movimientos de Itachi con mayor cuidado del que hubiera querido, observando como acariciaba el cabello de su hermano, como sus dedos jugaban con las hebras crecidas llevándolas hacia un lado. Sin ninguna prisa iba recorriendo su cráneo, descendiendo sobre su nuca, recorriendo la fina línea de su mentón hasta detenerse en su barbilla. Su hermano menor se veía tan dócil, casi parecía una mascota amaestrada que disfruta las atenciones de su amo.

Esto no estaba bien, lo supo desde que entró por esa puerta, pero no tenía el valor de cerrar los ojos, levantarse y correr. O por lo menos arrancárselos al ver como con sus dedos separaba los labios de Sasuke y se internaban dentro de su boca.

Las manos de su hermano menor permanecían apoyadas sobre el suelo, manteniendo el balance de su cuerpo mientras que tenía ocupada la boca. Itachi adoraba ese tipo de juegos. Hacía que la lengua de su hermanito resbalara sobre las yemas de sus dedos, así como ajustaba los labios alrededor de estos, succionándolos con fuerza. De cuando en cuando raspándolos con sus dientes, amenazando con morderlos suavemente. El mayor de los dos no tardó en retirarlos y sin demora los remplazó por algo más grande para que continuara con lo que estaba haciendo.

Itachi hundía sus manos en el cabello liso y tiraba de su cabeza haciendo que se hunda aún más entre sus piernas, como si no lo tuviera todo dentro de la boca, buscando su camino hacia su garganta. Sasuke no se quejaba, a pesar de que lo estaba lastimando como siempre. Dejó de pedirle que se detuviera cuando dejó de hacerle caso. No lo podía ver, pero sí sentir a Itachi moverse con más fuerza empujándose dentro de su boca, como si quisiera meterse todo completo dentro de su cuerpo. Estaba bastante acostumbrado a este tipo de menesteres, pero no podía evitar sentirse incomodo por la presencia de quien estaba con ellos en esa habitación.

Naruto temblaba sudando frío, mientras sentía que la piel de las mejillas le hervía. Sus ojos fijos en lo que tenía frente a él y le empezaba a faltar el aire. Tenía la necesidad de liberarse de la ropa y lanzarse sobre Sasuke, sobre el suelo y atravesar paredes si se interponían en el camino. Los latidos de su corazón retumbaban como tambores en sus oídos y le zumbaba la cabeza. Los gemidos de Sasuke ahogándose sobre la piel de Itachi, parecía que en cualquier momento se iba a asfixiar si el mayor no le daba tregua a sus movimientos. No se detenían, como él no evitó detener el movimiento de sus manos que tomaron la iniciativa de liberar los deseos de su cuerpo. No podía culparlas, de no ser por ellas, pronto iba a reventar. A pesar que dejaba entrar aire a bocanadas, sentía que se derretía de caliente. Por lo menos, sentado en el suelo y con las manos ocupadas evitaba arrastrarse hasta donde estaban esos dos.

Se detuvieron un momento, para que Itachi pueda ver como el rubio se sacudía sin control. Una pausa para disfrutar la escena. A ese ritmo se iba a hacer daño, pero aunque el espectáculo se detuviera, sus manos no cesaron.

El mayor de los Uchiha se desprendió de la ropa que aún traía puesta dejándola caer como si fueran los pétalos de una flor. Sasuke aún seguía sentado sobre el suelo, esperando para continuar lo que habían empezado, como una mascota. Tan sólo estaban empezando como para detenerse a descansar. Con un movimiento igual de grácil que el anterior hizo que su hermano menor cayera de espaldas sobre el suelo. Se detuvo de nuevo para darle una mirada profunda acompañada de un casi inaudible suspiro. Lo que Sasuke traía puesto se desató cuando le dio un ligero jalón al nudo que sostenía la ropa a su cintura. La tela cayó a los lados de su cuerpo dejando al descubierto su piel blanca.

Itachi la hizo a un lado con sus manos, esparciendo caricias sobre el pecho tibio de su hermano. Encontró sus manos atadas entorpeciendo su camino, así que las llevó a reposar a los lados de su cabeza, rozando la espesa maraña de cabello negro. Un pequeño preámbulo no le iba a hacer daño a nadie. Con sus dedos deslizándose sobre su pecho empezó a escribir letras con sus uñas. Quizá grabaría su nombre sobre todo su cuerpo, sólo para que Naruto viera que buena caligrafía tenía cuando usaba piel como lienzo.

Al verlo de reojo lo encontró incorporándose sobre el suelo con ganas de trepar por las paredes, para tener una mejor vista del panorama.

El rubio sudoroso hizo un ruido involuntario, le costaba demasiado quedarse en silencio cuando lo único que deseaba con todas sus fuerzas era correr. De nuevo atrajo a Itachi y sus enormes ojos hacia donde yacía su cuerpo en toda su miseria. No pudo resistirlos, como casi no pudo frenar el impulso de tomar su lugar en el espacio, acariciar la piel que estaba él tocando. Mordió sus propios labios mientras sentía la sangre hervir dentro de sus venas. Cerró los ojos para huir una vez más sin éxito,

“Llegar” también era una buena idea.

Sin embargo, Sasuke no compartía la sensación de su hermano y se dedicaba a quejarse cuando este apretaba sus pezones como si se los quisiera arrancar. Si estuviera en el lugar de Itachi tendría sumo cuidado al hacerlo. Lo haría tan despacio que lo haría quejarse, pero de placer. Había tenido esas imágenes antes, cuando mientras dormía y lo sentía tan real se sentía caliente. Amanecía con la frente perlada de sudor y las sabanas húmedas.

—I…Tachi. —

Gritó su nombre cuando por fin consiguió hacerlo sangrar. Una herida más y tenia tantas. Sasuke sabía que no servía de nada protestar, era mejor tratar de sobrellevarlo. Pero Itachi no le facilitaba las cosas, había traído a alguien más y eso lo ponía nervioso. Pero no podía mencionar nada al respecto, menos aun pensar en resistirse. El labio inferior ardía tanto luego de que las uñas de su hermano por fin lo dejaron tranquilo. Itachi se apresuró a lamerle la herida, pero hacia que doliera aún más al morderle los labios. Casi tanto como cuando hacia que separara las piernas al punto de hacer que casi se salieran de su sitio.

La herida de su boca salaba sus labios. Tomó una gotita de sangre recién formada con la yema de un dedo. Redonda y brillante como una piedra preciosa, Itachi sonrió al verlo, ambos compartían la misma sangre después de todo.

Sasuke tenía la boca abierta y un hilo de sangre resbalando por su mentón. Su espalda se arqueó al sentir como estrujaba sus muslos y subía sus rodillas a los lados de sus hombros. Ahogó un grito cuando sintió a Itachi hundirse por fin dentro de su cuerpo, sin ningún tipo de piedad. La cadena que rodeaba su cuello empezó a hacer un sonido infernal al chocar contra el suelo, acompasando los movimientos de su hermano sobre sí.

Abrió los ojos al escuchar el sonido metálico, nervioso de perderse un detalle de lo que ocurría frente a él. Tomó mucho menos esfuerzo del que se pudo imaginar Naruto, porque fue cosa de pocos segundos los que le tomaron a Sasuke rendirse en gemidos. Su hermano ingresando dentro de su cuerpo, apretando con sus dedos la carne suave de sus piernas. En sus más escondidas fantasías Sasuke se veía así, esparcido sobre el suelo. Gritando al cielo su nombre mientras que él acariciaba su piel cremosa y la llenaba de besos. Por supuesto, en su mundo imaginario Itachi no existía, jamás estaría presente y de por medio entre ellos dos. Naruto tenía que aceptar que esta variación en las escenas de su teatro de fantasías, iban a estar presentes de ahora en adelante. Iba a tener que agregar al otro Uchiha en el libreto.

Regresó a la realidad de la cual escapó por un gustoso momento, cuando escuchó a Itachi unirse al coro de gemidos. Jamás se imaginó el efecto que tendría sobre su cuerpo, escucharlo. Tuvo que hacer un esfuerzo superior a sus fuerzas para no arrastrarse a ellos y unírseles. Bastaba con ver a Sasuke sacudiéndose sobre el suelo y a su hermano penetrándolo mientras que tomaba la cadena que colgaba de su cuello y la torcía entre sus dedos, disfrutando la sensación riquísima que provocaba la asfixia en su hermanito. Ese era el modo como disfrutaba aún más.

Aunque tenía que dejarla a un lado con el fin de cambiar de posición. No se iban a quedar en una sola, la noche era joven aún. Lo hizo levantar las caderas y apretó su cabeza contra el suelo. Sasuke intentó oponerse un poco, pero ante la presión sus manos atadas cedieron doblándose sobre su pecho. Ladeo el rostro y una de sus mejillas se frotaba contra el suelo áspero. La mano de Itachi no abandonaba su cabello asegurándose que no levante la cabeza. Sus dedos se hundían en su piel sedosa mientras trataban de buscar un lugar donde entrar. Una vez lo hallaron se hundieron dentro. Primero un dedo, luego dos. Cada vez que ingresaban mas adentro más se quejaba uno y menos control de si mismo tenía el que aun estaba contra la pared .Las piernas le temblaban y las rodillas se le hacían añicos cuando más Itachi se hundía en sus caderas. No era la primera vez que lo hacían, tampoco iba a ser la última. .

Si se descuidaba un poco iba a perder el control. Adoraba sentir el cuerpo de su hermanito debajo de él y tan húmedo. Moverse dentro, salir de él, regresar de nuevo, con fuerza, más adentro. Se ahogaban ambos, perdian el aliento, lo recuperaban para volverlo a hacer. Sus gemidos eran susurros mezclados en los de Sasuke, brotaban con mucha facilidad de su garganta. Lo malo es que estaban causando un efecto secundario, estaba a punto de hacerle perder los estribos. Itachi no podía permitirlo.

De ser así iba a correr la misma suerte de aquel rubio contrayéndose contra la pared, con sus manos perdidas entre sus piernas. Parecía que se iba a volver loco por el modo como rechinaba los dientes. En su estado de miseria aun se resistía a lo inevitable. Itachi lo sabía, como sabía que iba a ser cuestión de tiempo.

No tardó mucho en suceder. Estrelló su cabeza contra la superficie dura mientras que sus manos se mojaban con su propia esencia. Cerró los ojos de vergüenza, pero no pudo mantenerlos de ese modo por mucho tiempo. Su cuerpo le exigía que continuara alimentándose de aquel espectáculo. Itachi encima de Sasuke, este último gritando mientras que su hermano lo penetraba como si lo odiara.

Lo estaba mirando, Itachi lo tenía en la mira de nuevo. Hubo un pseudo silencio entonces, como si hubieran terminado tan violentamente como empezaron la escena. El mayor de los hermanos retomó el control de su cuerpo y su respiración. Se irguió nuevamente liberando su rostro de algunos cabellos que se escaparon luego de tanto movimiento. Toda la piel les brillaba como si estuviera cubierto de cera, como una vela derritiéndose, pero pudo notar que aún estaba encendida.

Empezaba la primera noche y su hermano menor ya no podía más. Tumbado sobre su vientre jadeaba como un perro sediento. Eso se podía arreglar. Tomó la cadena del suelo y en sus manos parecía que se fuera a fundir. La elevó para que su hermano se levantara. Luego llevó su miembro a su boca, Sasuke sabía lo que tenía que hacer. Lo dejó beber cuanto necesitó, aunque no le permitió llegar hasta la última gota.

Se acomodó entonces detrás de su cuerpo desnudo, arrodillándose sobre el suelo tibio. Lo rodeó con sus brazos y con sus manos buscó en su pecho hasta hallar sus pezones erectos. Sasuke reaccionó ahogándose en un gemido, Itachi entendió el mensaje y cubrió su boca para ayudarlo a respirar.

Parecía que lo estaba devorando con su boca, con sus manos. Itachi se dejó llevar por lo que estaba haciendo, demasiado ocupado restregándose sobre las carnes de su hermano como para pensar en algo más. Si en ese momento el rubio hubiera deseado huir, pudo haberlo hecho tranquilo. Ambos hermanos se olvidaron que existía. En especial Sasuke, reaccionaba a las caricias con tanta premura que en cualquier momento iba a explotar.

Nuevamente estaban uno dentro del otro, lo supo por como las caderas de Sasuke dieron un respingo para luego empezar un bamboleo lento dirigido por las caderas de Itachi. El menor reposaba sobre los muslos de su hermano y arqueaba la espalda como si se le fuera a romper.

Sasuke frente a él, a quien había ido a buscar y extrañó con tanta desesperación. Estaba tan a su alcance que costaba creer como contener las ganas de unirse a ellos.

Itachi lo miraba de nuevo, cuando aún mordía esa piel tan apetecible. Sus ojos tenían escritos una invitación irresistible a arrastrarse sobre el suelo, a llegar lo más pronto posible, a colocarse en medio de los dos. Todo a la vez. Era culpa de sus ojos sin duda, porque no se dio cuenta como de pronto se estaba peleando con Itachi por ocupar la boca de su hermano.

Abandonó lo que le quedaba de ropa lo más pronto que pudo y se topó con las manos de Sasuke en el camino hacia su vientre caliente. No se detuvo ante la resistencia, si no que llevó las manos atadas de su amigo de antaño su miembro que clamaba por atención. Temblaba por la calentura que sentía con los dedos nerviosos de Sasuke moviéndose torpes sobre su piel hirviente y húmeda.

Intentaba quitarlos de donde habían ido a parar, pero no lo hizo por mucho tiempo, se rindió fácil. Era mejor si no se resistía.

Itachi trajo a alguien más para que participe en la rutina de ambos…

No tenía derecho de protestar, nunca lo había hecho, no podía darle la contraria a su hermano. Itachi era todo lo que tenía. No importaba, podía resistirlo todo, aunque era mucho más sencillo entregarse completamente a él. Si tan sólo pudiera vencer el miedo que estaba sintiendo.

A pesar de que estaba Itachi con él.

Naruto abandonó su boca y se concentró en morder su cuello. En el camino encontró los labios de Itachi, pero estos le fueron esquivos. Las manos de Sasuke no eran suficientes, quería más y estaba dispuesto a pelear por ello. No estaba pensando claro, su mente estaba nublada por algo más denso que la venda que cubría los ojos del menor de los Uchiha.

Itachi apresuró el ritmo que llevaba y las caderas de Sasuke junto con sus manos cobraron nueva energía. Naruto tomó entonces uno de los pezones erectos de Sasuke con los labios y su miembro en igual estado con una mano.

Gritó entonces, quizá porque el dolor que sentía en lo más bajo de su espalda, combinaba bien con lo que sentía que pasaba en su bajo vientre.

Her…mano…—

Pedía permiso, estaba acostumbrado a ello. No hacía nada sin la venia de Itachi, siempre sus manos le provocaban un tremendo dolor que luego derivaba en un terrible placer. Aunque esas no eran sus manos, eran mucho más toscas, inexpertas, le estaba haciendo daño. Sólo quería que lo dejara en paz, que lo dejara con su hermano. Solos los dos, como siempre, como toda la vida.

Era lo único que tenía.

Itachi respondía mordiendo el lóbulo de su oreja, lamiendo el cavernoso interior, susurrando sólo para él. Lo que le decía, lo que quería escuchar. Era suficiente, no necesitaba ni siquiera aire para respirar, con sus palabras bastaban. Tuvo que gritar de nuevo, la sensación caliente dentro de su cuerpo, invadiéndolo completamente, escribiendo dentro de él. Le tocaba seguirlo, hacer lo mismo que Itachi, pero no eran sus manos las que lo llevarían al orgasmo.

No podía hacerlo entonces, aunque lo deseara.

Leía su mente, leía sus pensamientos como si estuvieran escritos sobre la piel de su cuerpo. Itachi sabía lo que su hermanito pensaba, lo conocía de palmo a palmo, ningún rincón de este era desconocido para él. Le gustaba recorrer las palabras que escribía con sus uñas y dedos, repasarlas con su lengua. Sasuke también lo disfrutaba, sentía su cuerpo vibrar cada vez que lo hacía.

Naruto no se rendía, sus manos seguían intentando conseguir una respuesta mientras que las de Sasuke trataban de huir tímidamente. Casi no podía contener las ganas de tumbarlo al suelo y ocupar el lugar de Itachi. Le iba a arrancar la venda y obligarlo a mirarlo cuando lo penetrara también. Sus pensamientos iban a prisa, así como la sangre en sus venas. Mordía sus labios sin piedad, arrancándole gemidos que escondía en su boca.

Ya no podía más, tenía que hacerlo. No tenía control sobre su cuerpo, su mente no existía así como el mañana. Abandonó sus caricias toscas y asaltó su cuerpo jalándolo de los brazos. Itachi no opuso resistencia, ya se había retirado de dentro de su hermano de todos modos. Sasuke cayó sobre el suelo de espaldas, con la misma gracia de una muñeca de trapo. Sucedió tan rápido que casi no le dio tiempo a reaccionar. El menor de los Uchiha intentó rebelarse cuando era demasiado tarde. Naruto se movía como el viento, de un momento al siguiente ya había aprisionado sus muslos y los tenía a los lados de sus mejillas. Empujó con sus piernas separadas las caderas de Sasuke haciendo que las elevara y con ello también arquera la espalda cobrando un ángulo apropiado para darle fácil ingreso.

Intentó sacárselo de encima apoyando sus manos atadas sobre su pecho, pero no iba a poder con él. No había escapatoria para ninguno de los dos.

Lo escuchó gritar cuando entró en su cuerpo por primera vez. Sólo el sonido fue delicioso. Cuando empezó a moverse debajo para zafarse no pudo contener su voz saliendo a raudales por su garganta. La sensación que experimentaba al rozar su piel era increíble.

“Sasuke… Ahh… Sasuke… No puedo aguantar… más… Sasuke…”

Era lo que siempre había necesitado. Para esto había vivido, para ese momento, para apretarlo debajo de su cuerpo. Iba a borrar las huellas de Itachi y escribir un nuevo capítulo sobre Sasuke. Mientras tanto seguía moviéndose con prisa, como si no pudiera tener suficiente y quisiera más. Peleaba por retener sus piernas largas entre sus manos, cuando más las moviera, más podía sentir como entraba dentro de él. Casi si podía sentirse envuelto por el calor que expedía el cuerpo de Sasuke, como si fuera un sol, un volcán en erupción.

Si tan sólo dejara de patalear podría encargarse de acariciarlo como deseaba. No bastaba con lamer sus muslos y morderlos suavecito. Naruto se encorvó buscando su boca, atrapó su lengua y empezó a jugar con ella.

Las rodillas de Sasuke estaban a punto de golpear el suelo, sus manos amarradas no le daban el balance suficiente por tenerlas apoyadas sobre el pecho de quien estaba encima suyo. ¿Itachi estaba aún presente? No podía escucharlo porque quien estaba encima de él hacía demasiado ruido.

– Noo… Itachi… Itachi…—

Gritó con toda la fuerza que le quedaba.

Su hermano acudió al rescate, a acariciar sus labios con sus dedos. Podía reconocer sus manos, el modo como lo tocaba, como se sentía. Al tenerlo cerca pudo relajarse ligeramente, casi tanto que casi le pedía que lo detuviera. No quería que nadie más lo tocara, no como sólo su hermano lo hacía.

Sólo Itachi podía hacer que se sintiera bien.

Naruto no lo sabía, trataba de besarlo de nuevo, aunque los dedos de Itachi se interponían. Ahora le acariciaban el las mejillas. El rubio deseaba apartarlo, quería que Sasuke fuera suyo, solamente para él. No iba a dejar que Itachi lo toque de nuevo, no de ese modo, como si fuera un juguete, un animal. Iba a llevarse a Sasuke consigo, de vuelta a la aldea y nunca se iban a volver a separar. Todo estaría bien, sintiéndolo bajo su cuerpo, internándose dentro de él, se sentía capaz de contener el mundo en una mano.

Casi llegaba, estaba a punto de hacerlo, Naruto era un libro con algunas páginas en blanco, escribiría luego en ellas. Por ahora leer sus movimientos y anticiparse a sus deseos era un divertido pasatiempo. Itachi tomó la cadena y la enredó entre sus dedos. Al tirar ligeramente de esta los músculos de Sasuke se contrajeron por la asfixia. Era un truquito que le había enseñado a su adorada mascota, tenía varios de eso bajo la manga, los guardaría para después, no valía la pena gastarlos todos juntos.

Su hermano menor intentó protestar pero sólo consiguió enterrarle los dientes en los dedos. Naruto reaccionó aún mejor al sentir la contracción de la carne que contenía su miembro, lanzó un fuerte grito. Embistió unas pocas veces más y no pudo hacer otra cosa que liberarse dentro.

Colapsó como ya lo había previsto Itachi, sobre la figura sudorosa de su hermanito. Adoraba verlo así, sobre el suelo, esparcido y roto como un juguete. Aún se quejaba cuando casi un minuto después el rubio salió de su interior. Lo hizo con tanta rudeza que Sasuke volvió a morder sus dígitos.

Naruto temblaba casi a punto de ahogarse sin aliento. Cayó de nuevo sobre el suelo con el pecho inflándose como globo, expirando e inhalando como un pez sobre la red.

Sus dos juguetes, Itachi no pudo evitar tocar el rubio cabello bañado en sudor. Tampoco evitó acariciar una de sus mejillas. El rubio lo miraba extasiado, aún no cabía en sí, no se reponía del todo. En cambio su hermanito recogió sus piernas adoloridas y buscó el calor de su regazo.

— Hermano…—

No tenía que decírselo, Itachi sabía perfectamente que era lo que necesitaba. Acarició su cabello entonces dejando luego su mano sobre su frente. La venda de sus ojos seguía firme donde debía estar, a pesar de todo el movimiento no se había soltado.

Se quedaron en silencio un tiempo. El suficiente para que el rubio volviera a la realidad que dejó tras la puerta cuando entró. Era muy pronto para arrepentirse y muy tarde para desear no haberlo hecho. Al incorporarse frente a Itachi se alejó lo más que pudo de su lado. Hubiera deseado rodear a Sasuke con sus brazos, pero no se atrevía a tocarlo de nuevo.

-— Sas…—

Era tarde para recordar las condiciones de Itachi, ya había faltado a una y a otra más importante consigo mismo. Maldición, que había hecho.

-— Lo siento, Sasuke, no quise lastimarte. —

Demasiado tarde.

— Maldita sea, Itachi… Yo no quise…No quería… —

Ante sus palabras Sasuke se hundía más en el regazo de su hermano, como un perro asustado, escondiendo la cabeza, esperando la protección de su amo. Ninguno de los Uchiha decía una palabra, el mayor de ellos solamente lo miraba.

Sasuke…–

Intentó tocarlo, pero sus manos no se atrevieron. Sasuke no podía verlo, tampoco reconocía su voz. ¿Cómo lo iba a reconocer si no lo veía? ¿Cómo pudo olvidarse de él? Maldito Itachi, no debió aceptar sus condiciones, no debió cruzar esa puerta, pero tampoco pudo evitarlo.

Sentado sobre el suelo sentía como los remordimientos y la culpa venía de la mano. Tuvo que ser más cauteloso, no podía fiarse del enemigo, aunque tuviera el mismo rostro de Sasuke. Aunque fuera tan difícil resistirse, aunque no pudiera controlar sus deseos, su cuerpo. Itachi leía su mente, leía su cuerpo, no había salida entonces. Estaba en sus manos desde que cruzó su camino, mientras lo siguió por el pasillo y hasta hacía sólo un instante, lo supo a ciencia cierta.

No le importaba el peligro que corría, el problema es que Itachi se haba convertido en algo de lo que no podía escapar.

Celoso

Sumario: Sólo hay una cosa peor que un hombre celoso: Un Sasuke celoso.

—

Naruto era un ser social, entablar relaciones con otros estaba en su naturaleza. Pero eso no impedía que Sasuke se pusiese celoso. Puede que nunca le hubiese rebelado sus sentimientos, pero no podía evitar vigilar al rubio ante cada don Juan a la vista. Lo bueno era que Naruto era tan inhumanamente ingenuo que siempre se quedaba preguntando porque Sasuke se ponía como bestia en celo ante cada hombre que se le acercase.

Porque todos querían seducir a Naruto. Estaba bueno y era increíblemente inocente, por no decir estúpido. Desde compañeros de equipo -Sai- hasta Ambus experimentados, pasando por los Jounin..

Algunos hasta habían intentado violarlo, usando algún jutsu que paralizaba el cuerpo del joven. Aunque no era muy necesario porque el pobre se paralizaba de terror al instante, llorando y mascullando el nombre de su amado a más no poder. Luego Sasuke llegaba y rescataba a su chico, mientras liquidaba al otro.

La población homosexual de Konoha descendió unos números. Pero nadie dijo nada porque por dentro, le daban la razón a Sasuke y lo comprendían. A todo esto, todavía este no se declaraba a Naruto, que aunque ya a estas alturas se había dado cuenta que le gustaba el otro joven, tampoco se declaraba.

Y luego del que el hombre número 234,412, - el de la sección doce-, intensase seducirlo, Sasuke se le declaró a Naruto y le dijo cuando lo amaba. Se sorprendió al saber que el portador del demonio sentía exactamente lo mismo o más.

Luego de eso, Naruto se convirtió en Hokage, Sasuke mató a Itachi –luego de que este, claro, intentase seducir a Naruto-, y vivieron en la casa de los Uchiha. No sin antes adoptar a Konohamaru.

Sakura murió a causa de una rara enfermedad que liquidó a la mayoría de las féminas de Konoha. Por lo que los ninjas decidieron usar un antiguo jutsu secreto que sirve para embarazar a los hombres y así salvar a la aldea. Y Konohamaru tuvo un hermano menor.

Los problemas por no tener a nadie quien cocinara y específicamente curara, se dejaron sentir un poco en la villa.

Por lo demás, Sasuke y Naruto vivieron felices por siempre en su mansión de siete pisos.

lunes, 16 de marzo de 2009

That little voice

Fandom: Naruto

Sumario: En el denso universo de nuestra mente, una voz solitaria nos hace compañía. AU.

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Miraba al vacío y como las paredes se iban haciendo estrechas. En cualquier momento iban a terminar por asfixiarlo. Aunque cerrara los ojos la sensación no cesaba, nunca lo abandonaba. Quizá si pudiera levantarse de la cama, eso ayudaría, pero no podía hacerlo, No podía moverse y rodar sobre ella como cuando alguna vez lo hizo en su propia cama, al lado de la de su hermano.

Tenía miedo, en medio de la inmensa oscuridad de su mente podía verlo. Acercarse a ellos. Abría los ojos para buscar consuelo. Las voces regresaban a acompañarlo. Nunca lo dejaban, desde que tenía uso de razón estaban ahí.

"Todo está bien".

Itachi siempre tenía razón. Se acurrucaba a su lado cuando alguna pesadilla le quitaba la tranquilidad. Saltaba al lado de su hermano y éste acariciaba su cabeza, todo volvía a estar bien entonces.

Pero ahora estaba solo…

Sabía que iba a llegar el momento pero necesitaba esperar un poco más. Había perdido la noción del día y la hora en el proceso, pero podía tener la certeza de que iba a regresar.

Las voces le decían que perdiera las esperanzas, aunque algunas tenían un rostro, otras sólo se dejaban ver mediante sombras densas que rodeaban su cama. Hacía lo posible por espantarlas aunque era inútil, sólo Itachi era capaz de semejante proeza.

Intentaba liberarse de ellas apretando los dientes para no gritar. Si lo hacía iban a venir más medicamentos de manos de extraños y ajenos. Había tenido demasiado de esos. Las vendas de sus brazos empezaron a humedecerse de nuevo, el resultado de pelear contra lo que no podía evitar. Las heridas frescas, eran culpa de las voces, las escuchaba más claramente. Veía sus rostros aproximándose a él.

— No…—

Cerraba los ojos pero sus parpados no prevenían que los viera. Las escuchaban fuerte y claro… Necesitaba que llegara, a espantarlas, a hacer que se vayan de una vez.

Se estaba haciendo daño, los brazos empezaban a arderle. Ni con toda la bulla las voces cesaban… ¿Por qué se tardaba tanto?

— Itachi…—

Tenía que verlo, para que se callaran de una vez, para que dejaran de susurrar en su mente, Pero no se iban, no se callaban…

Empezó a gritar, escuchando solo su voz desesperada. Nadie venía a ayudarlo. Las sombras se acercaban a su cama…

No pudo gritar más. Una de ellas se sentó a los pies de su cama. Sólo lo miraba, fijamente con su rostro vacío, sin ojos.

— ¿Por qué no vienes? Itachi… —

Sollozaba.

No podía evitar las ganas de llorar. Estaba aterrado, pronto dejaría de llorar, pronto pasaban las ganas y su mente se nublaba. La sombra seguía mirándolo inmutable.

Ya era hora de que llegara, la misma sombra que venía con él estaba acompañándolo en su soledad. En cualquier momento entraría por esa puerta…

Xxx

Iba a verlo cada vez que podía hacerse un tiempo. Era automático el modo en que sus pasos siempre lo llevaban al mismo lugar, sin quererlo. De pronto estaba de pie frente a la puerta. Estaba abierta, siempre la encontraba abierta.

No podía evitarlo. Era la misma sensación de siempre, cada vez que iba a verlo.

Nadie se quiso hacer cargo de él. No podía abandonarlo también.

Tan solito…

Y sin esperanzas. Eso decían los especialistas y empezaba a creerles.

La noche anterior tuvo uno de esos episodios en los cuales perdía el control de si mismo y trataba de arrancarse las venas con las uñas. Gritaba tapándose los oídos, como queriendo reventar su cabeza por la presión aplicada. Se estrellaba contra las paredes, como una mariposa de luz. Caía al suelo mirando al vacío, para levantarse de nuevo a repetir la operación.

Lo había visto hacerlo ya antes, un par de veces. Hubiera intervenido para que no se siguiera haciendo daño, pero no lo hizo. Porque había algo delicioso en verlo atado a su cama, con los ojos semiabiertos, relleno de medicamentos. Como flotando en una nube, lejano a la realidad.

Aburrido mundo, siempre lo mismo.

Tenía que reconocer que no era del todo placentero, ver como se iba poniendo delgado y las ojeras ganaban terreno sobre su rostro huesudo. Como si se le abrieran abismos profundos bajo sus pestañas. La falta de luz natural le estaba robando el poco color que tenía, pero no podía mermar el brillo oscuro de sus ojos. Aún así envuelto en esas vendas blancas que matizaban tan bien con el tono níveo de su piel, se veía apetecible.

Estaba haciendo frío. El viento helado entraba por debajo de la puerta. Aún así sus mejillas se mantenían tibias, pero su frente estaba perdiendo calor. Sus dedos sobre la piel tibia, casi no podía contener el deseo de subirse a la cama con él y acurrucarse a su lado para abrigarlo con su cuerpo.

Morderlo hasta sacarlo de ese estado de vacío.

— Sasuke…—

Susurró al ver que sus ojos por fin lo miraban con esa expresión perdida que empezaba a odiar. El chiquillo intentó decir algo, pero las palabras murieron en sus labios al instante de nacer. Regresó los ojos a las paredes, a lo que fuera que estuviera viendo que parecía más atractivo que su rostro. Las sombras dibujándose a su lado, las voces que empezaban a hablarle en los oídos.

Ese no era Itachi, pero esas sombras si eran reales. Así que cerró los ojos para escapar. Aunque no había hacia donde correr. Temblaba, empezó a sudar frío. No podía moverse, tenía que escapar.

Sus manos…

Lo alcanzaban…

Ese rostro…

No podía moverse.

— Sasuke…No…—

Presionó su pecho contra la cama subiéndose encima de él, se iba a hacer daño si seguía luchando contra las correas que lo sujetaban y eso no sería entretenido. De nuevo se abría las heridas que tenía coloreando su piel cremosa y sus huesos rotos no sanaban completamente. Aún así no dejaba de retorcerse bajo su cuerpo. Se mordía los labios, se estaba haciendo daño. No tardó en empezar a gritar.

Abrió los ojos pero sabía que no lo estaba mirando. Iba a ser inútil tratar de tranquilizarlo con palabras y sujetándolo de ese modo era peor. Tenía que pensar rápido si no se acababa la diversión antes de empezar. Tuvo que liberarlo, aunque sentir sus huesos crujir bajo su cuerpo era de lo más delicioso.

Sasuke se quedó muy quieto y su respiración no regresaba a la normalidad aún. Las sombras se arremolinaban a su alrededor, las veía a todas acercarse. Empezó a llorar como un niño pequeño que despierta a media noche asustado por pesadillas. Hubiera deseado correr al lado de su madre, buscando que le diga que todo estaba bien. La halló ella frente a él, mirándolo con ojos tristes.

— No... No… No… —

Sollozos de niño pequeño. La mirada desencajada, las manos torciéndose al borde de quebrárselas.

— Mamá…—

Era demasiado, si alguna vez se había arrepentido de algo era de estar en ese momento presente. Odiaba esa clase de espectáculos, no eran del todo divertidos. Lo dejó sacudirse de nuevo bajo su cuerpo, hasta que pudo ver como sus volvieron a su estado regular. Respiraba agitado mientras que de sus labios escapan hilitos de sangre.

— Maldición. —

Exclamó casi sin poder contener la alegría que sentía. Una invitación irresistible. Besó sus labios. No podía con su genio, después de todo la carne es débil.

Xxx

Itachi le decía que no tuviera miedo. Cuando caminaba de la mano de su hermano y aquellas sombras los seguían le decía que no había nada que temer.

—No te pueden hacer daño. —

No era cierto.

— No voy a dejar que nadie te haga daño. —

Era su hermano quien siempre tenía el rostro magullado, siempre se veía enfermo. Aún así accedía a llevarlo sobre su espalda cuando él ya no podía caminar. Sólo en Itachi podía confiar, nadie más iba a cuidarlo e impedir que alguien lo lastimara.

— Todo está bien, Sasuke. No tienes porque tener miedo…Vamos a estar bien. —

También podía mentir, su hermano también hacía eso.

— Regresa a la habitación, yo iré luego. Anda. No hagas que se enoje más. —

Cuando lo dejaba solo, cuando le decía que todo estaba bien…

Mentía…

— Voy a volver pronto. Sasuke…Quédate aquí tranquilo. No, no puedes venir conmigo. Mamá tiene cosas que hacer. Pórtate bien, sé un buen niño. —

Ella también mentía.

— Sasuke… Vete al cuarto y cierra la puerta. Pase lo que pase, no vayas a salir de ahí. —

Siempre obedecía al pie de la letra, siempre hacía lo que su hermano le decía, todo lo que él le pedía. Corría a su cuarto, cerraba la puerta, se escondía debajo de su cama.

Las voces fuera de la habitación, gritando… Sonidos contra las paredes, contra el suelo.

Cerraba los ojos, se tapaba los oídos. No estaba solo, nunca estaba solo, aunque creía estarlo. No escuchaba a su papá pelearse con su hermano, no escuchaba a su hermano arrastrándose por el suelo, pero escuchaba en sus oídos a alguien que le decía que no había escapatoria. Tampoco podía verlo. Prefería estar despierto para no vivir la misma pesadilla.

— Todo está bien, Sasuke, te prometo que todo estará bien. Vete, rápido, corre.--

No fue cierto.

— Déjalo en paz, deja tranquilo a mi hermano. No voy a dejar que lo toques.--

Itachi…

Papá…

Papá…

— Hermano… —

Y todo se quedó en silencio. Las voces de ambos, cesaron, la de su hermano, se apagó por completo. No le hizo caso, no pudo correr cuando le dijo. Sólo se quedó mirando, cuando cayó al suelo con una aureola de sangre rodeando su cabeza. Cuando su papá perdió los estribos, cuando lo golpeó demasiado fuerte.

El mismo infierno…Despertar y no poder seguir a Itachi. Sus piernas no obedecían, su propia voz no lo alcanzaba y lo veía alejarse sin poder detenerlo. Abría los ojos automáticamente, con ganas de gritar en medio de la nada.

La habitación silenciosa de siempre, sólo que ahí estaba él, otra vez había vuelto a verlo.

— ¿Un mal sueño? — Sonrió.

Su voz fuerte y clara, esperando que despertara. A veces era así, lo encontraba haciéndole compañía, aunque no estuviera interesado en responderle. Con cierta pereza en sus movimientos dirigió un trozo de manzana a sus labios. Sasuke la recibió muerto de sed, estaba dulce. A veces le traía algo de comer. Ahora mismo prefería que se ahorrara el trámite de alimentarlo.

Otro pedacito dulce… Estaba empezando a acostumbrarse, pronto lo iba a extrañar también.

— ¿No tienes ganas de hablar hoy? —

Preguntó llevándose un trozo a su boca. Tampoco era que le interesara escucharlo.

Sasuke respondió separando los labios. Otro trocito de fruta no le vendría mal. Tenía ganas de hacerlo esperar. Quizá lo que sentía era curiosidad por el modo como reaccionaría. Nunca sabía a que atenerse.

Las voces de nuevo… Difusas, confusas.

Puso sus dedos entre los dientes del chiquillo y empezó a acariciarlos.

No llegó manzana, sino el sabor salado de su carne. Le dieron ganas de apretarlo, de hacerle algo de daño. Eso le iba a encantar. Se quedó quieto, esperando su reacción, mientras el par de dedos acariciaban su lengua. Intentó decir su nombre, sonó gracioso, así que cerró los labios sobre sus dedos.

Exhaló sentado en la silla. Cuchillo y manzana al suelo… Se acaba el trámite y el juego.

Reemplazó sus dedos con su lengua y dejó que Sasuke siguiera jugando con ella. Era incómodo jugar sobre su cama. Demasiado estrecha. Aún así disfrutaba el riesgo de aterrizar en tierra firme en el peor momento posible, le daba más emoción a la situación. Mientras devoraba su rostro, su cuello… Y el mocoso se deshacía en quejidos.

Intentó avanzar un poco más, hasta donde se habían quedado la vez anterior… Su voz lo detuvo.

— ¿Vas a hacerlo? —

El chiquillo pensaba en voz alta. Seguro eran aquellas voces que le decían que hacer. Una vez le había confesado como si fuera un secreto entre ambos. Aquellas voces, como si no las conociera de memoria.

— Te haré lo que quieras… Si me dejas continuar, puede que hasta te guste de verdad. —

Porque siempre andas fingiendo que lo llegas a disfrutar.

Nada que no le fuera a quitar el sueño, una voz chiquita lo gritó en su mente. Esos no eran pensamientos. De nuevo la misma voz pequeñita, que le pedía que continuara mordiendo su piel blanca sin misericordia. Kakashi sacudió la cabeza para dejar de oírla. Era demasiado el tiempo que pasaba con el mocoso. Se le estaban pegando sus malas costumbres desde que acostumbraba a meterse en su cama.

Pero no puedo evitarlo.

Se detuvo en seco mientras cerraba los dientes sobre uno de sus pezones erectos. La maldita vocecita irrumpiendo en sus pensamientos. No se suponía que pensaba mientras estaba con Sasuke. No tenía que pensar porque ese era un modo de olvidarse lo desesperante de la vida en aquel hospital psiquiátrico.

— Maldita sea…—

Dijo fuerte y claro, acto seguido se levantó de la cama apoyando sus rodillas sobre los muslos tiernos del mocoso.

— Maldita sea… —

Repitió porque la vocecita se multiplicaba por dos, por tres, mientras que sus manos sin quererlo rodeaban el cuello de Sasuke. Piel suave, tan suave, tan tibia.

— Esto es tu culpa… Esto es culpa tuya…—

Lo vio sonreír, el maldito mocoso estaba sonriendo. Liberó su garganta para deshacerse de sus ojos y de su sonrisa.

Sangre, sobre la almohada. Un hilito sobre la blancura de la cama, sobre su piel incolora. Pero no lo oyó quejarse, sólo escuchaba la vocecita interior gritando como campana de tenía más ganas de hacerlo, de subirse encima de él y acabar con su cuerpo.

Kakashi estas perdiendo el control de nuevo.

Esa era otra de las voces, una que sonaba infantil, una que tenía una nota de reproche y otra de complicidad.

— Esto es culpa tuya. —

Acusó a quien ya no lo miraba, sino que parecía perdido de nuevo sobre la superficie de su cama. Sasuke no se movía, invitando a la muerte. Esperó un momento más mientras las campanadas en sus oídos sonaban fuertes y claras. Estaban aturdiéndolo… Necesitaba acabar con esas vocecitas a cualquier precio.

Del suelo, la manzana…

Su garganta, tenía un bonito tono de blanco del cual sobresalía una delgada vena verdosa.

Pero primero lo primero…

Le dijo la vocecita sabiendo que no la iba a ignorar más tiempo. Como si pudiera controlar los deseos que pugnaban por escapar de la ropa que traía puesta. De pronto apretaban, sus pantalones, la carne le estorbaba.

Era mejor terminar lo que empezó apenas cruzó el umbral de la habitación para luego encontrarse subido sobre el mocoso. Recogiendo sus ropas, separándolas de sus piernas delgadas, escurriendo sus manos entre sus muslos, apretándolos con prisa, casi no podía contenerse más.

Mantenía los ojos bien abiertos, situándolos en el rostro del mocoso, viendo como a pesar de que su rostro carecía de expresión, sus ojos hacían lo contario. Fue algo rápido, demasiado pronto y unilateralmente delicioso. Transpirando ambos mientras que la sensación placentera de siempre se empezaba a disipar después del primer orgasmo. Luego perdía la noción del tiempo y se hallaba en la orilla del mundo. La vocecita le decía que saltara. Que apretara la columna blanca que era el cuello que tenía a su alcance y luego…

Saltara…

Al vacío.

Terminar con lo que había empezado, el fin del mundo.

— Hazlo…—

Reclamó la voz de Sasuke mucho más lejana que aquella que ahora canturreaba en sus oídos.

— Hazlo de una vez…—

Insistió sollozando. Era delicioso verlo tan desesperado, adoraba esa sensación más que todos los orgasmos del mundo.

— Por favor… Quiero ver a mi hermano otra vez… —

Suplicaba con lo que le quedaba de aliento mientras que él apretaba su garganta hasta que sentía sus dedos hundirse hasta tocarle los huesos.

Hasta detenerse, como siempre y lo dejaba libre para ver como se ahogaba como un pez en la red.

Hazlo, hazlo de nuevo…

La vocecita que no podía evitar escuchar. La había escuchado varias veces antes, con aquella mujer, con aquella joven… Antes de que acabaran de respirar.

Pero era mejor detenerse por ahora. No iba a arruinar la diversión, al menos por el momento.

— Continuaremos en otra ocasión, Sasuke. —

Y se levantó por fin, abandonando el calor que compartían, acomodándose la ropa y adorando su expresión desesperada.

— No… No…—

Intentaba detenerlo con sus lágrimas, con sus sollozos. Estiraba los dedos y peleaba de nuevo con las correas.

Eso si era delicioso, eso sí era placentero. A diferencia de lo que las vocecitas pudieran susurrar.

Aún no, no como Sasuke quería…

Aún no estaba listo para liberarse de ellas. Aún no estaba listo para detenerlas.

Tiempo libre

Fandom: Naruto

Sumario: Naruto esta aburrido, tiene demasiado tiempo libre. Aunque con la ayuda de alguien, eso puede cambia rápidamente. Yaoi

—

Naruto estaba sentado en la baranda del mirador frente del monumento de los Hokages. Se encontraba aburrido, pues desde hace varios días no tenía ninguna misión ya que Tsunade-hime le había castigado por incumplir las prescripciones médicas que le había puesto después de que llegara tan malherido de su última misión. Lo malo del asunto es que estaba sólo, por qué a Kakashi sí lo había mandado a una misión, mientras que Sakura se la pasaba estudiando con Shizune y ni que decir que incluso el mismo Sai estaba ocupado.

Refunfuñó, encogiéndose en su lugar y preguntándose hasta cuando tenía que sufrir aquella ‘tortura’. En ese momento sintió algo que le hizo brincar y mirar a todos lados, extrañándose al verse completamente solo cuando estuvo seguro de que alguien o algo le había tocado la espalda. Se llevó una mano a la cabeza, decidiendo que sólo fue producto de su imaginación.

Regresó a su posición anterior y lo sintió nuevamente, sólo que esta vez fue como si le tocaran el cuello. Bajó de la baranda y buscó a su alrededor. No había nadie. Se cruzó de brazos y se rascó nuevamente la cabeza, confundido. Estaba a punto de marcharse cuando la sensación apareció nuevamente, pero en esa ocasión le hizo sonrojar por el lugar que le había tocado, haciendo que soltara un gritito del susto. Fue cuando lo escuchó, alguien se estaba riendo. Volteó hacia la entrada de las escaleras y ahí estaba el causante de aquello.

―¡Shikamaru! ―gritó alterado, pero al hacerlo sintió una caricia en su mejilla. Al mirar, notó como la sombra del Nara estaba sobre su cuerpo y desaparecía al poco rato. Las mejillas de Naruto se encendieron al comprender que había sucedido en realidad―. ¡No vuelvas a hacerlo!

―Oh, vamos. Parecías aburrido y yo también lo estoy ―fue lo único que dijo Shikamaru, encogiéndose de hombros. Seguía sonriendo, haciendo que Naruto bufara. Sacó una cajetilla y luego encendió uno de los cigarrillos, llevándoselo a la boca―. Y bien, ¿aún lo estas?

―¿Eh? ―preguntó, confundido. El Nara giró los ojos, dio una calada y soltó el humo.

―Si aún estas aburrido, tonto.

―Algo ―aceptó el Uzumaki, llevándose las manos tras la nuca.

Nara sonrió y volvió a darle otra calada al cigarro, todo bajo la atenta mirada del rubio. Luego se dio media vuelta y comenzó a bajar por las escaleras, dejando un tanto descolocado a Naruto, pero al poco tiempo sintió que su cuerpo se movía solo y al mirar al suelo vio que la sombra de Shikamaru era la causante de eso. Parpadeó sin entender que sucedía, pero después comprendió el contexto y sonrió, corriendo hacia donde se había ido Shikamaru. Al parecer al fin había encontrado algo productivo que hacer.

Finalmente

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Sumario: Porque él cumpliría su promesa. Porque, finalmente, él regresaría. Hasta siempre.

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Tal vez habían sido días, o tan sólo un par de minutos; no lo sabía con certeza. Aun así, continuaba sentado al borde del lago, dejando que la humedad del aire lo mantuviese despierto lo que fuera necesario.

Vestía el ropaje usual de aquellos denominados como la sombra de la aldea. Aquel color blanco hacía juego con su, ahora, pálida piel. A su lado, podía observarse una especie de sombrero, similar a un sakkat, que lo diferenciaba de todos los demás shinobis del país del fuego.

A su mente llegaban diversas imágenes. Era como si estuviese mirando un viejo álbum de fotografías; algunas algo borrosas, otras, nítidas como si se tratara del día anterior. El viejo columpio, los solitarios cumpleaños, el desprecio, el miedo y la desesperación. Todo lo que hasta hoy se sentía tan lejano parecía volver a oprimir su pecho como en ese entonces; aun así, sonreía. Era lo único que le quedaba.

Su meta siempre había sido poder dejar todo eso atrás; la tristeza y la melancolía, tal vez, por eso, desde que tenía memoria, soñó con convertirse en Hokage.

Además, estaba ella, su adorada flor, la mujer que había amado durante toda su vida. La que cada mañana despertaba a su lado, recordándole que luego de cada pesadilla, ella lo protegería en sus brazos, besaría su frente y espantaría todos sus fantasmas.

Lo había logrado. Luego de años, había convertido su sueño en realidad… pero no era suficiente. Logró cumplir todo aquello que se había propuesto en su infancia, excepto una cosa. Pero ahora, todo cambiaría. Ahora, sería capaz de lograr aquello que tanto había anhelado.

“Cumpliré mi promesa, Sakura, te juro que esta vez la cumpliré” se repetía una y otra vez, mientras intentaba mantener sus ojos abiertos.

-Dobe.

El silencio fue roto por aquella voz, que parecía tan lejana, pero a la vez tan dolorosamente familiar.

-Sabía que vendrías –mintió.

-¿Cómo no hacerlo? Eras el único que faltaba para completar mi lista –respondió el otro ninja.

Naruto sólo sonrió, ya no se sentía amedrentado ante al que alguna vez, fue su mejor amigo.

El Uchiha se mantuvo a una distancia prudente, sin bajar la guardia. A pesar de tener la seguridad de que su rival no se atrevería a atacarlo, no debía subestimarlo.

-Y bien, Naruto, lo he estado pensado y creo que te enterraré junto a Itachi, considéralo mi último gesto –continuó Sasuke.

-Como quieras, teme. Sólo hay algo que tengo que decirte. –Tosió ligeramente, su cansancio era obvio para cualquiera que lo viera.

-Espero que no te estés arrepintiendo ahora, gatito asustadizo.

Los ojos de Naruto recuperaron algo de brillo, también había visto aquella fotografía.

-Hace años que no me llamabas así, es bueno volver a escucharlo –dijo satisfecho.

Sasuke levantó una ceja algo contrariado. Definitivamente, este Naruto, distaba demasiado de aquel que había conocido hace ya tantos años. Observó su túnica y sonrió para sí. Lo sabía.

Se acercó lo suficiente hasta quedar tras la espalda del rubio, quien en sus manos sostenía una botella de sake y un sobre algo ajado. Lo observó fijamente, no quería perderse ni un solo detalle; deseaba mantener esa imagen para siempre, sólo para él. Finalmente, le demostraría a todo el mundo lo que era.

-Sakura… Está esperando un hijo –mencionó, para quebrar aquel molesto silencio que crispaba sus nervios.

-Yo no soy el padre, por si te interesa saberlo –respondió con sarcasmo.

Naruto sonrió; al fin y al cabo, Sasuke seguía siendo el mismo amargado de siempre.

-Cuando termines, debes entregarle esto en mi nombre, baka. –Estiró uno de sus brazos alzando el sobre que mantenía en sus manos. Tenía el sello del Hokage.

Al recibirlo, los ojos del Uchiha se nublaron, algo parecía turbarlo. Guardó el sobre entre sus vestimentas y disminuyó la distancia que lo separaba del Uzumaki. Luego, posó sus rodillas en el suelo y rodeó el torso del rubio con uno de sus brazos.

-¡Maldito! ¡Empezaste sin mí! –exclamó Sasuke, mientras sus pupilas se dilataban. -¿Y si no hubiese llegado?

-Sabía que vendrías, sabía que lo harías por mí –Suspiró cansado, y acarició el brazo del pelinegro con su frío rostro tuviera que esperarte otro día más, sabía que tarde o temprano vendrías.

-Eres un estúpido… Naruto –Lo atrajo a su pecho, abrazándolo aún más fuerte -.E igualmente, eres el único capaz de esperarme y tener fe en mí. ¿Por qué mierda tienes que ser tan condescendiente?

-Si sigues hablando de mis defectos, arruinarás el momento Sasuke.

-Irme fue mi puta elección… no tenías por qué esperarme. ¡Nadie te dio el derecho a creer en mí! ¡Nadie!

-Eres mi amigo Sasuke… mi mejor amigo, mi primer lazo. Hice una promesa y debo cumplirla.

-Esto es una mierda… Todo esto ¡Nunca te lo perdonaré! –El pelinegro estaba exaltado, toda su vida huyó de aquel momento, de volver a perder a un ser amado, de volver a exponer su corazón… Toda su vida, para nada.

-¡Por una puta vez podrías valorar que he cambiado! Que no hago esto sólo por mí. Sé que me he equivocado muchas veces, que has sentido que no te comprendo, pero dame esta oportunidad, la última, para que te des cuenta de que también es por ti –señaló Naruto.

El Uchiha terminó por posar su otro brazo alrededor del cuerpo del joven Hokage. Lo atrapó en ese abrazo por varios minutos, como si creyera que de esa forma lo mantendría ahí por siempre; como si el tiempo se volviera estático y le regalara un par de minutos más a su lado.

-Debiste haberme esperado… No teníamos que llegar a esto –reclamó el pelinegro.

-Era la única forma de estar seguro –se dejó abrazar cierto, si es varón se llamará Sasuke, como su padre.

-Eres un maldito… –Los ojos del joven se llenaron de lágrimas, lo cual no pasó desapercibo para el rubio.

-Quien lo creería, el gracioso Uchiha Sasuke sí puede llorar. Es una lástima que no pueda contárselo a los demás, aunque de seguro no me creerían.

Naruto logró girar su cabeza para poder mirar a su amigo a los ojos, mientras con una de sus manos intentó alcanzar su rostro.

-Cuando intenté traerte de vuelta, no tenía una razón, un motivo lo suficientemente fuerte –tosió ías razón, yo nunca tuve una familia y no sé lo que es perder a quienes amas, exceptuándote claro.

Sasuke acomodó al joven entre sus brazos, para poder escuchar mejor sus palabras.

-Ahora –prosiguió el rubio -, te entrego todo lo que nunca tuve. Aquello que perdiste… Sé que lo harás mejor que yo, serás un buen padre, baka.

El Uchiha se mantuvo en silencio, verdaderamente no tenía nada que decir. Aquel imbécil lo había planeado todo; aquel imbécil lo haría volver.

-Eres mi mejor amigo, por eso has venido. Ahora compórtate como un hombre de verdad y termina con esto. No te elegí como mi kaishaku por nada.

-Le has quitado toda la emoción. En la aldea estaban esperando una batalla épica, no esto. –Intentó sonar normal.

-Que se jodan ¿No crees? Además ya elegí a mi sucesor, dudo que tengan algún problema –agregó Naruto.

-De todas formas, no creo que sea necesario decapitarte, ya estás prácticamente muerto, dobe.

Naruto sonrió, definitivamente Sasuke seguía siendo el mismo amargado.

-Sólo te pido que cuides de Sakura y del pequeño… son nuestra familia.

-Porque tú y yo somos familia –agregó el pelinegro.

-Mi única familia –terminó el honorable shinobi, dejando escapar su último suspiro.

Porque así tenía que ser, uno de ellos debía morir en los brazos del otro; uno de ellos debía recordarle al otro lo que significaba estar vivo.

Sasuke miró por última vez aquellos ojos azules, ya sin brillo, ya sin vida. Se reflejó por última vez, para luego, con una de sus manos, cerrarlos por toda la eternidad, hasta la próxima vida; o quizás… la próxima muerte.

Posó sus labios sobre la fría frente, diciendo adiós a su propia manera.

Se levantó del suelo, con el cuerpo inerte entre sus brazos y emprendió la marcha. Mientras, en un hogar de una aldea no muy lejana, una mujer de extraño cabello rosa ponía a calentar agua para un ramen, en caso de que el que ella esperaba, volviera.

Y así fue como, finalmente, Uchiha Sasuke regresó a Konoha.

¿Qué somos?

Fandom: Naruto

Sumario: Quizá somos el pecado cuando nos miramos y no podemos controlarnos. Somos el pecado cuando decimos odiarnos, porque mentimos osando ocultar que para desgracia y degradación de la carne, nos deseamos…

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¿Qué somos? Llegaste, y me preguntaste.

Aquí me tienes escribiendo una carta, ensayo o poema. Quizá no sea la mejor escritora de comedias horrendas, ni de tragedias bellas, pero escribo y suelo ser yo en pensamiento, tal vez no me trabo cuando conjugo las palabras y las hago verse más libres que lo que una paloma blanca en su más alto vuelo, pero sigo siendo en cada una de sus letras, pues es su tinta está el color de mi cabello y en su trémulo trazo, mi tartamudeo.

Hoy llegaste igual que siempre, con tus ojos tan blancos como los lirios, pero más perdidos en el infinito que cuando yo seguía la sombra de aquél a quién otorgue el sinónimo del amor mío. Es cierto que yo te saboreaba lejano e inalcanzable, pero ¿Quién puede estar junto a otro abrazándole desde el pecho hasta la espalda, y al mismo glorioso tiempo, atraparle la invisible alma? Seguro que eso era privilegio de aquéllos que con profuso sentir se amaban, y tú de vez en cuando, de tarde en tarde, me odiabas.

Por eso presiento que somos en verdad, la sangre que corre en nuestras venas y a la que nos entregamos. Somos un lazo que se destruye con la muerte, la herencia de nuestros padres. Somos la primavera que hará crecer nuevas flores a nuestra triste pradera, porque es así como se espera. Soy la gipsófila que despierta tu infancia de la fría sepultura, y tú eres la flor de naranjo con la que mis lágrimas hacen amargo té.

Somos tal vez, una historia que no va a ser a los ojos intrusos, una historia que no conocerá la caricia cálida del sol, no importa qué puedan significar nuestros nombres, nadie sabrá la realidad que llevamos escribiendo con noches y días en el corazón, y en lo más fértil de nuestra ávida memoria vivirá sin ser contada, sin ser sospechada.

Porque hoy me tomas como muñeca de trapo entre tus recias manos, y me vuelves a pedir con desesperación que te resuelva una pregunta que letras antes intenté descifrar su peligrosa respuesta. Me lo pides tanto e incluso me parece adivinar en lo turbio de tu mirada el presagio de un futuro llanto, y no sé como alejar esas nubes de confusión que nublan tu ingenio azul. Era, quizá, que un fuego inexplicable había prendido en lo más seco de tu ser y arribaba el humo de la confusión a lo alto de tu enorme apreciación.

Por eso creo que somos pues, el pecado cuando nos miramos y no podemos controlarnos. Somos el pecado cuando decimos odiarnos, porque mentimos osando ocultar que para desgracia y degradación de la carne, nos deseamos… Eres la prohibición que no respeto cuando te pienso que te beso y te amo, porque soy pecadora cuando te toco convirtiéndote en culpa que recae sobre mí, y no lo lamento.

Palabra por palabra, suspiro por suspiro, todo eso somos, Neji, todo eso que quisiera creer yo, es amor.

Cuando cae la noche

Fandom: Naruto

Sumario: Los pensamientos de dos amantes acerca de la intolerancia de la sociedad.

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El es un hombre, el otro también, lo que ambos hacen a vista de todo el mundo es un suicidio social.

¿Qué es la sociedad sino un conjunto se seres humanos con reglas determinadas? ¿Qué es la moral sino reglas preestablecidas para un determinado tiempo que deben ir cambiando paulatinamente? Se preguntan ellos. Solo porque alguien lo dijo alguna vez no significa que sea ley para ellos.

Porque lo que ellos sienten es amor, se aman con locura, tanto amor que los vuelve capaces de infringir las cuidadosas reglas impuestas por una sociedad déspota y superficial.

El es como la luna y el otro como el sol, juntos no pueden vivir, separados morirían, es simplemente que se necesitan con desesperación.

Ellos trabajan juntos, ellos pueden verse durante sus jornadas laborales, pueden verse como compañeros solamente, no pueden ir más allá, aunque necesiten del contacto del otro tanto como respirar. A veces el blondo piensa que es una tortura estar tan junto pero tan alejado del moreno. A veces piensa sino seria mejor dejarlo ir, partir lejos y tratar de olvidarlo, estos pensamientos aparecen solo por el día, cuando el cielo se tiñe de oscuro sus reflexiones desaparecen mágicamente al verlo aparecer por la puerta del viejo hotel, único testigo de sus amores y encuentros. Es entonces que comprende que nunca podrá vivir lejos de el. Y ambos se funden en un abrazo tan desesperado como si fuese esta la última vez que se ven; demuestran su afecto de la forma más antigua, más vieja que la tierra misma.

Llega el alba, el momento mas detestable, porque ellos saben que deben separarse, que cada uno debe retomar las riendas de su propia vida, cada uno debe partir a su propio hogar con su propia familia, se despiden hasta la semana siguiente, lapso de tiempo infernal al menos se verán en el trabajo, de lejos pero se verán, más para ellos esto no es suficiente, ellos necesitan y merecen más. Merecen tiempo compartido, más besos robados, más caricias tiernas más de una relación de novios más tiempo juntos prodigándose el amor que ellos sienten.

Ambos saben que corren un gran riesgo al verse, que ponen en peligro su reputación su familia su prestigio y un millón de cosas más porque los demás NUNCA verían con buenos ojos lo que ellos hacen ¿Qué hacer si ambos se aman? Aunque todas las personas proclamen que esta mal, que dos hombres se amen de la manera en la que ellos se aman ellos saben que esta bien, que el amor es lo único puro y confiable en este mundo lleno de tanta porquería.

Lástima que les haya tocado vivir en mundo lleno de prejuicios tontos y de gente ignorante sino hubiese sido así esta hubiese sido una historia de amor, la más bella de todas.

Miseria

Fandom: Naruto

Sumario: Reflexiones de Sasuke. Drabble.

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Sasuke Uchiha observaba en silencio, sentado sobre una roca; la katana, fiel compañera en sus trajines yacía olvidada a un costado del último descendiente del clan Uchiha.

Las primeras gotas de lluvia empezaban a caer y a Sasuke no le importaba, estaba mas interesado en examinar con atención sus blancas manos, sus largos dedos teñidos de rojo que poco a poco iban perdiendo el color, las gruesas gotas de lluvia borraban pacientemente las pruebas del ilícito cometido por Sasuke.

Un relámpago sacó a Sasuke de su observación haciéndolo ponerse en guardia, atento y cauteloso a cualquier movimiento, comprendió segundos después que solo estaba paranoico, sus negros ojos barrieron el bosque en el que se encontraba y dieron con un cuerpo, totalmente quieto, la rubia cabellera tenia algunos mechones manchados de rojo, vestido de naranja como siempre, yacía Naruto Uzumaki. Tirado como un muñeco de trapo, con las ropas manchadas por el barro. Se le antojo una imagen irreal, como si no hubiesen pasado esos cinco años desde que había abandonado Konoha, como si aun siguiesen en el valle de la muerte, y se pregunto a si mismo ¿Y si fuese cierto, si aun tuviese trece años, hubiese traicionado a la aldea? Sasuke no estaba muy seguro de que su respuesta fuese la misma que hace cinco años.

No pudo evitar que un escalofrió recorriese por su espina al ver el cuerpo que acababa de destrozar, el cuerpo al que le acababa de arrebatar toda vida, fuese lo que fuese que estaba sintiendo no le gustaba para nada.

Todo el lugar era familiar para Sasuke, aunque el nunca hubiese estado allí, le era familiar porque esa pradera tenia un increíble parecido al bosque donde años atrás había aprendido a escalar árboles, el lugar donde por primera ves reconoció a Naruto como un igual, aunque el no lo había admitido, porque eso era lo que hacia un ninja, negar toda emoción, Sasuke era el mejor de los ninjas, ahora que Naruto estaba muerto era seguro que el ultimo Uchiha ya no tenia competencia.

Cuando se fue de la aldea fue por conseguir mas poder, poder para derrotar a Naruto, la envidia no lo dejaba en paz, simplemente no podía aceptar que ultimo de la clase ahora estuviese a su mismo nivel ¡era indignante!

Mas allá de la envidia existía en Sasuke un sentimiento difícil de reconocer, una sensación que había tratado de negar con fervor a si mismo, ahora que Naruto estaba muerto no tenia sentido seguir con la farsa de negar sus propios sentimientos; era admiración, Sasuke admiraba en secreto a Naruto porque a pesar de haber estado siempre solo, a pesar de haber recibido tantas puñaladas por la espalda el había seguido levantándose con empeño, y aun con mas ahínco que antes. Por eso Sasuke sabía desde el momento que abandonó la aldea que Naruto iba a buscarlo sin descansar, porque su fuerza de voluntad era más fuerte que cualquier otra cosa. Era por eso que cuando nuevamente había venido a buscarlo no pudo hacer otra cosa que matarlo, ya no podía permitir que Naruto lo siguiese por el camino que solo el podía seguir, no era justo para el y no era justo para Naruto. Muerte, esa palabra se le había presentado como única alternativa y lo había hecho.

Y debería estar feliz, debería sentirse orgulloso, porque ahora si era un vengador, un hombre que no tenía ningún lazo con nadie ni nada.

¿Entonces porque se sentía así de miserable?