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domingo, 29 de marzo de 2009

Castillo de arena

Sumario: A Mello le gusta la playa pero a Near no, y mucho menos como para celebrar allí su cumpleaños. ¿Seguirán con la misma opinión al final del día?

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Siempre que alguno de los chicos de Wammy’s House cumplía años, se organizaba algo especial, eran huérfanos y no tenían a nadie más salvo aquellos con los que compartían su vida en aquella casa. Ese pequeño detalle les hacía darse cuenta de que, tal vez no tuvieran padres o hermanos, pero tenían algo parecido a una familia.

Pero para Near, la idea de ese año era más un castigo que una celebración. ¿Quién habría tenido la brillante idea de llevarlos a la playa precisamente para celebrar su cumpleaños?, ¿acaso nadie se había preguntado que lo más probable sería que lo último que a Near le gustaría hacer en su cumpleaños era ir a la playa? El exterior, el sol, la playa… Sólo de pensarlo, Near se estremecía pensando hasta el último momento que quizás se tratara de una broma de mal gusto.

Se dio cuenta de que no lo era cuando tuvo delante el autobús al que ya empezaban a subirse los chicos, ataviados con ropa veraniega y multitud de cosas para disfrutar del mar y la arena. Resignado, Near se subió también llevando consigo un pequeño cubo de plástico con paleta y rastrillo. Al menos así mataría el tiempo de alguna forma, porque no pensaba abandonar la sombrilla y mucho menos poner un pie en el agua. Con lo bien que lo habrían pasado quedándose en la casa… Lástima que esta vez no se hubiera enterado con tiempo suficiente para poder provocarse una faringitis comiendo hielo del congelador por las noches, como cuando planearon ir a la playa el verano anterior.

Durante las casi tres horas de camino, Near lo único que era capaz de pensar era “Vaya asco de cumpleaños” mientras intentaba ignorar el ambiente de excitación que reinaba en el autobús. De vez en cuando era capaz de distinguir la voz y las risas de Mello, quien seguramente ya estaría planeando un sin fin de cosas que hacer, lo peor de todo era que, entre ellas seguro que habría alguna que le incumbirían. ¿Qué sería lo que Mello habría pensado esta vez para molestarle? La última vez la gracia había acabado en una conjuntivitis debida a la gran cantidad de arena en sus ojos.

Cuando llegaron, todos los chicos salieron en estampida hacia el agua, dejando todas sus cosas esparcidas en la arena. Sin embargo, estaba claro que Near no tenía prisa por llegar. Se quedó rezagado tardando un tiempo exagerado en colocarse una gorra que le protegiera del sol. Una vez hubo reanudado la marcha oyó una voz a su lado.

- Ya sé que no es lo que más te habría gustado pero de vez en cuando es bueno que te de el sol. Sobre todo el agua del mar y la brisa marina son beneficiosas para la salud.- se excusó Roger al ver que el homenajeado era el menos interesado de todos.

Near asintió mecánicamente sin protestar pensando que su salud habría estado igual o mejor si se hubieran quedado en casa.

Se colocó debajo de una sombrilla sin ni siquiera pasársele por la cabeza el quitarse la gorra o la camiseta. Pidió a un chico que le llenara el cubo de agua y empezó a construir un castillo de arena. Con suerte, cuando llegara la hora de irse, tendría un castillo de arena gigantesco.

Entretanto, los demás chicos se divertían en el agua o en la arena. Unos buceaban buscando peces, otros jugaban a la pelota en la orilla, recogían conchas, se adentraban en el mar con colchonetas hinchables, hacían carreras a ver quién llegaba primero nadando a aquella roca que emergía de entre las aguas… Llevaba ya un buen rato haciendo el castillo, tenía ya toda la base y parte de una de las torres, cuando vio que Matt salía del agua y se dirigía hacia donde él estaba. Intentó no hacerle caso, pero era imposible. Con lo grande que era la playa, ¿por qué demonios tenía que ponerse justo donde él estaba? Sabía lo que ocurriría después; era cuestión de tiempo que Mello apareciera por allí, y si por un golpe del destino se había olvidado de él, Matt había elegido el lugar exacto para hacérselo recordar.

- ¿Qué tal?- dijo Matt mientras se sentaba y cogía su mochila.- ¿No te bañas?

Near consideró absurdo responder ya que su cara parecía decir a gritos “¿Tengo yo cara de querer bañarme?”, pero aunque fuera sólo por educación respondió de forma mucho más simple.

- No.- y siguió a lo suyo, con su castillo de arena.

- El agua está un poco fría, entiendo que no te apetezca. Además, esto de la playa cansa tanto…- dijo sacando su consola portátil y tumbándose en la toalla. Matt, al igual que Near, no estaba acostumbrado a demasiada acción.- He tenido toda la noche cargando la batería por si acaso.

- Uh.- respondió Near. Matt le caía bien, pero precisamente en ese momento no le apetecía entablar conversación, y mucho menos cuando Mello estaba al caer por allí.

Near miró de reojo hacia la orilla mientras colocaba pequeños cuadraditos de arena moldeada que hacían de almenas. Mello estaba saliendo del agua. Se acercaba… Iba llegando y parecía enfadado. Near se encogió sobre sí mismo tratando de ocultarse inútilmente con la gorra. Oyó sus pasos y se encogió aún más. Oyó sus pasos alejarse… Y miró, aliviado por haber pasado desapercibido.

-¡MATT!, ¿eres imbécil o qué?- gritó Mello, salpicando de agua todo a su alrededor.

- ¡Cuidado! Como se moje esto se estropeará.- dijo Matt, protegiendo su videoconsola de la lluvia de agua que Mello despedía.

- ¿Ah, sí?- dijo Mello y acto seguido se dio la vuelta y cogió el cubo de Near, todavía lleno de agua hasta la mitad.- ¿Ves esto? Pues como no apagues eso ahora mismo, no dudaré en tirarle el agua encima.

- Bue… bueno, vale.- dijo Matt, atemorizado porque sabía que si no lo hacía el destino de su preciado videojuego sería fatídico. No tenía duda alguna de que Mello era capaz de tirarle el cubo de agua.

- ¿Es que se puede ser más soso?- protestó Mello.- Para un día al año que venimos a la playa vas tú y te pones a jugar a esa mierda.

- Vale, ya está, tranquilo, ya la he guardado.- dijo Matt, asegurándose que su mochila quedaba bien cerrada frente a posibles ataques.- ¿Contento?

- Sí, mucho más contento, ahora vamos a echar una carrera nadando hasta allí.- propuso Mello. Matt estaba a punto de quejarse inútilmente porque sabía que al final acabarían haciendo la maldita carrera y Mello acabaría ganando. Pero Mello, al soltar el cubo de donde lo había cogido antes, advirtió la presencia de Near.

Mierda, me ha visto.” Pensó Near, aunque siguió moldeando la arena como si se mantuviera ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor.

- Bueno, rectifico Matt. Sí que hay alguien más soso que tú.- dijo Mello, agachándose hasta quedar frente a Near.- ¿Te vas a quedar ahí todo el día?

Near no lo miró.

- ¿Tú no ibas a echar no sé qué carrera?- respondió Near, intentando que Mello se olvidara de él lo antes posible.

- Sí, pero ahora mismo estoy más intrigado en saber por qué te quedas ahí con toda la ropa puesta.

- Si tuvieras la piel tan blanca como la mía evitarías que te diera el sol.- contestó Near. Mello tenía la piel clara, pero no tanto como la suya. Alzó la vista levemente para comprobar que tanto los hombros como la nariz y las mejillas de Mello empezaban a tomar un color rojizo.- Aún así deberías usar crema, te estás quemando.

- Ya, pero no me cambies de tema. Eres tú el que está en la sombra con toda la ropa puesta, es una contradicción en sí misma.- el rostro de Mello se volvió peligroso.- ¿No será que ocultas algo ahí debajo?

- ¿Qué?- preguntó Near, sin saber a qué se estaba refiriendo. Estaba claro que no ocultaba nada, sólo que no se sentía cómodo estando en bañador delante de tanta gente cuando no era necesario ya que no tenía pensado bañarse.

- A ver… qué es lo que tenemos por aquí…- dijo Mello agarrando la camiseta de Near y tirando de ella.

- Suéltame. Desde luego no sé qué cosas raras estás pensando.- se quejó Near, forcejeando con Mello.

Finalmente desistió, pues si seguía resistiéndose acabarían rodando por el suelo y destrozando su castillo de arena. Tan sólo sería el tiempo justo de que Mello se diera por satisfecho y volviera al agua, entonces volvería a ponerse la camiseta. Así que en uno de los tirones de Mello, Near alzó los brazos haciendo que el rubio se llevara la camiseta junto con la gorra.

- Ya has conseguido que tenga que pasarme media hora poniéndome crema por todo el cuerpo.- bufó Near.

- Ja, ja, ja.- rió Mello, cogiendo uno de los brazos de Near, levantándolo y acercándose mucho para observar algo.- ¡Lo que te pasa es que te da vergüenza quitarte la camiseta porque ya te están saliendo pelillos!

De entre todas las cosas que Mello podía decir, aquella era sin duda la más absurda. ¿En serio creía que no quería quitarse la camiseta por aquello? Ojalá la intervención de Mello en ese día se redujera a ese comentario tan tonto.

- No tienes de qué preocuparte, yo también tengo, y Matt.- dijo Mello alzando sus brazos con orgullo.

- ¿De verdad crees que me preocupa eso?, ¿crees que a alguien más que a ti le interesa lo que le pase a mis axilas?- dijo Near, ignorándolo y empezando a untarse crema protectora de factor 50 especial para bebés.

- ¿Entonces qué coño pasa contigo?- preguntó Mello, rodeando a Near e inspeccionándolo con atención.- No tienes barriga.- un dedo curioso se hundió en el vientre de Near.- Y tampoco veo que tengas nada raro debajo de toda esa pringue que te estás untando. Aunque a lo mejor…

Los dedos de Mello sujetaron peligrosamente el elástico de la cintura del bañador. Antes de que tuviera ocasión de hacer lo que fuera que estuviera pensando hacer, un chorro de crema protectora impactó contra su cara.

- ¡¿Te importaría dejar de tocarme?!- se defendió Near.

- ¡Ah!, ¡mi ojo!- gritó Mello.- ¿Eres tonto? No iba a hacerte nada pero ahora… ¡Tú te lo has buscado!

De repente, un golpe y una nube de arena. Una pelota que se había escapado sin control derribó a Near llevándose por delante el castillo de arena.

Mello, aún con un ojo medio cerrado, evaluó sus alternativas; los chicos estúpidos que habían dejado ir la pelota destrozando el castillo y golpeando a Near, o el propio Near que trataba de levantarse aturdido por el golpe con todo el cuerpo rebozado en una mezcla de crema y arena.

- ¡MATT!, ¡Cógelo!- ordenó Mello.

Matt dudó. Todo había pasado tan rápido que no sabía qué era aquello que debía coger.

- ¿El qué?

- ¡A NEAR!, ¿A QUIEN VA A SER?- gritó Mello antes de salir en busca de los chicos de la pelota.

Aunque su rostro parecía estar pidiendo perdón, Matt hizo lo que Mello había pedido. Cuando Near se estaba incorporando, escupiendo arena y limpiándosela de los ojos, Matt lo levantó del suelo rodeando con sus brazos la cintura del pequeño.

Near pataleaba y trataba de deshacerse de Matt. Éste lo sujetaba con fuerza aunque era difícil, pese a que Near no era alto y estaba delgado, pesaba demasiado como para que pudiera retenerlo mucho tiempo, más aún cuando no dejaba de moverse y para colmo se le resbalaba por culpa de la crema protectora.

- ¡Suéltame, Matt! Sabes que no quieres hacer esto.

- ¡No te muevas más o te harás daño!

Matt no tenía ni idea de qué era lo que Mello pretendía, se limitaba a intentar sujetar bien a Near hasta que su amigo volviera, y esperaba que fuera pronto o el pobre Near se haría daño si caía al suelo. Near tampoco sabía qué sería lo que pasaba por la mente de Mello, aunque podía imaginarlo. La idea era tan desconcertante… Le estaba escuchando recriminar a aquellos niños, gritándoles, diciéndoles que por su culpa la pelota había roto el castillo y le había golpeado, que si acaso estaban ciegos para no haberse dado cuenta que él estaba allí… Y, sin embargo, ahí estaba Matt, reteniéndole porque por lo visto Mello tenía algo planeado para él.

- ¡MELLO DATE PRISA!- gritó Matt notando que Near se le resbalaba.

Mello llegó justo a tiempo para evitar que Near se cayera al suelo. Ayudó a Matt agarrando las piernas del chico. Inclinó la cabeza indicando que fueran hacia el agua.

Near no paraba de moverse, sobre todo después de ver el gesto de Mello. El agua… ¡NO! Mello no podía ser capaz de algo así. Sabía de sobra que le daba pánico, ¡que ni siquiera sabía nadar!

¿Por qué todo lo que les relacionaba carecía de sentido?

¿Qué sentido tenía que regañara a aquellos chicos por hacerle daño si luego él mismo se encargaba de hacerle algo que le dolía más que un simple balonazo en la cabeza?

¿Por qué le decía que le odiaba y luego le protegía?

¿Por qué le protegía para luego hacerle esas cosas?

¿Por qué, si era cierto que no le soportaba, no se contentaba con ignorarle sin más?

- Uno, dos y… ¡TRES!

Los confusos pensamientos de Near se vieron interrumpidos por el frío del agua. Se hundía y no era capaz de oír nada más que sonidos amortiguados. Aunque no sabía nadar esperaba alcanzar el fondo para poder tomar impulso. Por un lado pensaba que esta vez Mello se había pasado de la raya y que bien merecía un escarmiento por ello, pero por otro lado le invadía una extraña sensación de tranquilidad. El contacto con el agua no estaba siendo tan terrible como había imaginado. Le daba pánico el mar, sí, y siempre había tenido la impresión de que si algún día caía en aguas profundas se ahogaría porque, debido al miedo, no sería capaz de razonar siquiera cual sería el método más adecuado para permanecer a flote. Pero la sensación no estaba siendo esa y la culpa la tenía Mello. Porque si Mello estaba allí no dejaría que le ocurriese nada.

Efectivamente, Near estaba en lo cierto, y lo supo en el mismo instante en que una mano le agarraba de la muñeca y tiraba de él hacia la superficie.

Cuando salió lo primero que hizo, de forma instintiva, fue sujetarse al cuello de Mello. Éste se quedó mirándole entre extrañado e incómodo. Near comprendió esa reacción porque él se sentía igual. No estaba acostumbrado al contacto físico, y Mello también lo sabía, pero… ¿qué quería que hiciera?, ¡no sabía nadar!, ¡no tenía otra alternativa!

- ¿Qué haces?- dijo Mello al ver que Near lejos de soltarse, lo que hacía era agarrarse con más fuerza.

- Intentar no ahogarme, es obvio.- dijo Near, deseando que lo sacaran del agua cuanto antes, nunca se había visto en una situación tan embarazosa. Algo rozó sus pies y antes de que pudiera pensar qué es lo que había hecho, había rodeado la cintura de Mello con sus piernas.

- ¡NEAR!- gritó Mello sintiéndose cada vez más confuso. Si ya era raro tener a Near colgado del cuello, más lo era tenerlo con las piernas alrededor de su cintura.

- ¿Qué era eso?- preguntó mirando hacia el agua.

- ¡NEAR!, ¡NO ME SEAS NENAZA!- exclamó Mello forcejeando para quitarse a Near de encima.- ¡Pues sería un pez!, ¿qué esperabas?, ¿Qué te atacara un tiburón en la orilla?

- ¿Orilla?

- ¡Sí, Near!, ¡SUÉLTAME!, ¡haces pie perfectamente!- desveló Mello.

En ese momento, la vergüenza se apoderó de Near, pero aún así no se atrevía a soltarse, ¿y si Mello estaba mintiendo? Sin quererlo aflojó la presión para inclinarse y comprobar que lo que decía Mello era cierto. Instante que Mello aprovechó para empujarle y hacer que cayera de nuevo al agua.

El agua otra vez… Y Near fue consciente de que Mello decía la verdad. No estaban más que a unos metros de la orilla. Ridículo… Se puso en pie y confirmó que el agua no le llegaba más arriba de los hombros. Ridículo, no. Ridículo espantoso.

Sintió que las mejillas le ardían, tal vez fuera la vergüenza, o tal vez fuera a causa del sol, o tal vez fuera que las mejillas de Mello también se habían vuelto de un color más intenso. Lo más sensato sería volver a su sombrilla y olvidar que todo aquello había pasado.

Sin decir nada, y viendo que Mello seguía allí parado mirándole en un ataque de súbita timidez, se dio la vuelta para salir del agua.

- Deberías pensar en las consecuencias antes de actuar.- murmuró Near.

Aquellas palabras consiguieron sacar a Mello de su trance.

- ¿Es que siempre tienes que salir con el mismo tema?- protestó Mello.

- Es que es la verdad.- dijo Near, deteniéndose y girándose un poco para mirarle.- Si tan horrible te parecía la idea de que me agarrara a ti, no haberme tirado al agua. Creo que me conoces lo suficiente como para haber sabido cual sería mi reacción.

- Y yo creo que me conoces lo suficiente como para saber que no te tiraría en un sitio donde no hicieras pie. Te odio, vale, pero no tanto como para matarte.- se excusó Mello.

- Si me odiaras tanto como dices nada de esto habría ocurrido.

- Vale, admito que hay veces que se me olvida sólo un poco lo mucho que te odio, pero en seguida me lo recuerdas cuando te pones así.

- Si no me pusiera así, molestarme no tendría gracia, ¿no?

- Ah, admites que te pones así porque te gusta que te moleste.

-¡AHHH!- gritó Matt volviéndose loco con aquella conversación absurda, acaparando las miradas de los dos chicos.- ¿No os dais cuenta que vivís en un círculo vicioso? Tú le odias porque siempre te recrimina lo que haces, y él te recrimina lo que haces porque tú lo haces para molestarle y así siempre, día tras día, siempre igual. Me aburro, ¿puedo irme?

- ¡NO! Tú te quedas ahí.- dijo Mello y se volvió de nuevo hacia Near.- Si alguna vez probaras a hacer las cosas sin pensar dejarías de ser tan aburrido.

- No puedo. Y esa es la gran diferencia entre tú y yo.

- Ah, ¿y es eso lo que te hace mejor que yo?- dijo Mello con rabia en la voz.- Porque si es así, no pienso cambiar, no voy a dejar de ser como soy sólo por superarte. Si ser el número uno significa ser como tú, prefiero no serlo. Ya te he dicho que eres muy aburrido.

- Nadie ha hablado de ser mejor o peor. Simplemente somos diferentes. Tú tienes tus maneras de actuar y yo tengo las mías. Lo único que te he aconsejado es que deberías tener en cuenta las consecuencias de lo que haces porque puede que éstas no te gusten.

- ¡Y dale con que puede que no me gusten!- exclamó Mello, su rostro enrojeciéndose más y más.- ¡Si lo que estás buscando es que confiese que me ha gustado que te pegaras a mí como una lapa, lo haré!, ¡me ha gustado!, ¿vale?, ¿estás contento ya?

- Mello…- murmuró Matt, asustándose por el cariz que estaba tomando todo aquello.

Mello no lo escuchó. Estaba tan furioso con Near porque siempre conseguía sacarle de sus casillas, porque tenía esa habilidad de manipularlo todo y conseguir siempre lo que se proponía que lo último que le importaba a Mello era lo que Matt dijese en ese momento.

- ¡Me ha gustado porque te he visto ponerte colorado!, ¡porque por primera vez he visto que te has dejado llevar olvidándote de tus estúpidas manías!, ¡me he sentido orgulloso de ser la única persona que ha conseguido sacar a la luz al Near humano que se ruboriza y tiene miedo!

Al oírlo, Near sintió sus mejillas arder de nuevo. Mello tenía razón, se había dado cuenta de que aquel impulso no había sido un acto propio de él.

- Ya lo sé.- murmuró Near, girándose y dándole la espalda.- Eso es lo que te gusta de mí. Me proteges de los demás porque te consideras el único con derecho a descubrir lo que hay en mi interior.

- ¡¿CÓMO TE ATREVES A INSINUAR ESO?!- gritó Mello, molesto y confuso por la respuesta de Near.- ¡INSINUAR QUE TE QUIERO SOLO PARA MÍ!

Y como era habitual en Mello, actuó sin pensar en las consecuencias, sin tener en cuenta la advertencia de Near. Las consecuencias no siempre tenían que ser las esperadas, no siempre tenían que ser agradables…

Estaban cerca, por lo que lo alcanzó cuando el chico aún no había avanzado más que unos pasos. Sin avisarle, desde atrás consiguió taparle la boca con la mano. Daba igual que Near tratara de apartarle, Mello era más fuerte que él y estaba furioso, no soltaría la mano por mucho que Near le clavara las uñas. En un gesto rápido, volvió a hundirlo en el agua. Estaban en un sitio poco profundo por lo que Mello sólo tenía que agacharse un poco para conseguir mantener a Near acorralado contra la arena del fondo.

Las manos de Near intentaban aferrarse al brazo de Mello, pero sólo resbalaban sin conseguirlo. Sus piernas se movían en todas las direcciones, sus pies se hundían en la arena sin poder encontrar un punto de apoyo con el que ejercer fuerza para salir, tampoco encontraban las piernas de Mello para apartarlo de él con una patada.

Pero sabía que Mello sería incapaz de hacerle daño.

- Near… Near…- murmuraba Mello entre dientes apretando, apretando…

- ¡Mello, déjalo ya!- oyó decir a Matt, que se acercaba bastante alarmado.

- No puedes decir eso…- seguía murmurando Mello como si hablara con Near aunque éste no pudiera escucharlo.- ¡No puedes saberlo! No puedes saber todo sobre mí mientras tú sólo muestras lo que quieres que yo vea.

- ¡MELLO!- exclamó Matt observando que Mello estaba tan absorto que no se daba cuenta de que el agua estaba empezando a calmarse. Le empujó pero no consiguió derribarle.- ¡PARA, VAS A AHOGARLO!

Mello abrió los ojos como si hubiera despertado de un mal sueño. Soltó la mano que cubría la boca de Near y descubrió con horror que Matt estaba en lo cierto. Near no se movía. Su cuerpo comenzó a subir ya que nada lo retenía ahora. Su rostro… Los ojos cerrados y la piel de un color cercano al morado.

- ¡NEAR!- gritó Mello con desesperación. No podía ser verdad, simplemente no podía…- ¡Matt, ayúdame!

De forma instintiva, Mello rodeó los hombros de Near y lo apretó con fuerza contra su pecho. La cabeza inclinada con miedo y arrepentimiento, sus cabellos rubios acariciando la piel de Near movidos por las débiles olas, sus ojos aprisionados contra el hombro inerte mientras sus lágrimas se mezclaban con el agua de su cuerpo mojado.

Matt sostuvo las piernas de Near y entre ambos jóvenes lo sacaron del mar. Lo tumbaron sobre la arena y, asido por los hombros, Mello lo zarandeaba esperando alguna respuesta.

- ¿Qué hacemos?- preguntó, asustado.

- Si tiene agua en los pulmones hay que sacársela o no podrá respirar.- sugirió Matt.

- Bien. Vamos, ayúdame.- dijo Mello a la vez que los dos se colocaban entorno al cuerpo de Near.

No tenían una idea clara de cómo se hacía, pero lo habían visto en muchas películas y más o menos entendían el procedimiento. Mello se puso de rodillas al lado de la cabeza de Near, colocándola un poco elevada sobre sus piernas. Si lo dejaba totalmente horizontal podría atragantarse al expulsar el agua. Matt se colocó a horcajadas a la altura del vientre, con las manos unidas buscando el hueco entre las costillas. Presionó tres veces y Mello, tapando la nariz de Near y abriéndole la boca posicionó la suya sobre ésta para insuflarle aire. Estaba demasiado asustado y demasiado nervioso como para que algo así le causara turbación.

Estaba demasiado asustado y demasiado nervioso como para darse cuenta de que Near respiraba y había expulsado una bocanada de agua que había retenido a propósito.

- ¡Ha echado agua, Matt!- informó Mello con alivio.- Otra vez.

Repitieron lo mismo varias veces pero no consiguieron sacar más agua.

- ¿Por qué no reacciona? Si no vuelve en sí es que debe tener más agua pero no conseguimos sacarle más. ¡Ve a buscar a Roger, esto es muy raro!-propuso Mello.

Matt se marchó en busca de Roger, pero Mello no pensaba quedarse de brazos cruzados. Seguiría intentándolo. La piel algo enrojecida en el pecho de Near indicaba el lugar donde Matt había estado presionando y que ahora era su objetivo. Al colocar las manos sintió los latidos del corazón. Near estaba vivo, ¿qué demonios pasaba?, ¿qué estaban haciendo mal?

Empujó tres veces y con rapidez acudió a soplarle más aire. Nada. Otra vez, presión y aire.

Aunque ahora sí que notó algo. Algo suave que se introducía despacio en su boca. Por un momento pensó que se trataba de algún pez que Near había tragado y que era el causante de su asfixia.

A pesar del sabor salado del agua de mar, todavía podía reconocerse el gusto dulce del chocolate. A Near le habría gustado probar su sabor original en la primera vez. Pero aquellas eran las consecuencias y había que atenerse a ellas, como bien sabía.

En seguida se dio cuenta de que, en realidad no se trataba de ningún pez. La boca de Near se había cerrado un poco, sentía contra su nariz la débil respiración que poco a poco se iba haciendo más fuerte. Se agachó un poco más sobre él, haciendo el contacto más cómodo, más profundo. No se negó a aquella invitación, aquella prueba de vida que entraba en contacto con su lengua, rozándola para retirarse tímidamente. Mello le siguió a la vez que lágrimas de alivio surgían de sus ojos para deslizarse y fundirse con sus labios que acababan de separarse. Volvieron a rozarse, salados y húmedos, y se entreabrieron por instinto ya que ninguno de los dos había hecho aquello antes. Un rastro de dulce saliva brilló en el labio inferior de Near cuando la lengua de Mello lo rozó antes entrar en su boca y unirse de nuevo. Esta vez más que una simple caricia, pequeños toques intercalados con largos roces que cada vez se hacían más profundos necesitando una entrega que hizo que incluso sus dientes chocaran. Respondían al unísono, se entremezclaban siguiéndose el uno al otro como si se adivinaran los pensamientos. Se sentían cómodos así, siendo Mello quien invadía, quien marcaba ese ritmo que Near correspondía sin dificultad.

- No encuentro a Roger…¡¡¡¿¿PERO QUÉ CO…?!!!

Toda la magia se desvaneció en el mismo instante en que oyeron la voz de Matt. Se separaron rápidamente. Mello notó que Near se movía, había entreabierto un poco los ojos pero en seguida sintió que la mano de Mello le impedía moverse. Lo entendió y volvió a hacerse el desmayado.

Daba igual lo que hicieran, sus mejillas y bocas mostraban un color intenso que nada tenía que ver con el sol. Sus labios brillaban por algo que tampoco tenía nada que ver con el agua de mar.

- ¡No es lo que parece!- se excusó Mello, apretando a Near contra la arena mientras pensaba que por favor, por nada del mundo se le ocurriera levantarse de allí.

- ¡¿Ah, no?!- exclamó Matt, sorprendido, dolido, rabioso.- ¡Te he visto perfectamente sacar la lengua de su boca!, ¡POR SUPUESTO QUE ES LO QUE PARECE!

Mello lo vio salir corriendo hacia el agua, con los ojos apretados por la furia.

- ¡TE ODIO, MELLO!

- ¿PERO QUÉ HACES?

-¿TÚ QUÉ CREES?- se paró un instante, dándose la vuelta con el agua a la altura de las rodillas.- ¡IR A AHOGARME A VER SI A MI TAMBIÉN ME HACES ESO!

- ¡AHHRRGG, MATT!- gritó Mello, desesperado sin saber a quien atender si al celoso Matt o al inerte Near.

Ahora que estaba claro que Matt se había alejado, Near abrió los ojos. Mello lo miró, aún aturdido por lo que había pasado. Habría entendido el encontrar una expresión parecida en el rostro de Near, incluso habría entendido no encontrar ninguna expresión. Para lo que no estaba preparado era para encontrar esa sonrisa. La típica sonrisa de Near, aquella que ponía cuando hacía algo bien, cuando se le ocurría algo particularmente ingenioso. Esa sonrisa que le hacía recordar que por cosas como esa, era por lo que lo odiaba. Mello no se entretuvo a pensar que a lo mejor es que Near no sabía sonreír de otra manera y su verdadero significado era un misterio, podía ser una sonrisa de complicidad o simplemente la sonrisa tonta que sigue al primer beso. A Mello no le importaba cual fuera su significado, la única traducción que encontraba era la de sonrisa maquiavélica y retorcida.

Porque esa traducción explicaba a la perfección todo lo que había ocurrido.

- ¡NEAR!- exclamó sintiendo cómo rugía su rabia interior, sus ojos abriéndose avergonzados y furiosos.- ¡TODO ESTE RATO HAS ESTADO FINGIENDO!

En la mente de Mello se sucedían velozmente todas las imágenes, comprendiendo y sintiéndose cada vez más ridículo. ¡Y pensar que había llorado por miedo a que le hubiera pasado algo a Near por su culpa!, ¿tan cruel era Near de querer hacerle pasar por aquel momento tan angustioso? Y después le había besado y…¡oh, horror!, ¡le había correspondido! Ni siquiera se dio cuenta de que aquella era una reacción muy extraña en un ahogado, sólo se dejó llevar con sus sentimientos cegados por la alegría de saber que Near estaba bien. Y ahora que lo pensaba…

- ¡Pervertido!- le incriminó Mello.- ¡Todo esto era una estrategia para besarme!, ¿no es verdad?

- Bueno, en realidad no. Sólo lo hice por ver si de verdad me odiabas, por saber hasta qué punto yo te importaba. Lo del beso… lo hice sin pensar.

- ¡Mentira! No eres capaz de hacer las cosas sin pensar, tú mismo me lo dijiste antes.

-Alguna vez tenía que ser la primera.- dijo Near encogiendo sus pequeños hombros sin borrar la sonrisa.

A lo lejos se oían voces alarmadas. Entre ellas alguna reclamaba la presencia de Mello.

- ¡Mello!, ¡¡Matt está haciendo cosas raras!!

Mello gruñó y descargó su frustración en un golpe contra la cabeza de Near.

-¡Ay!

- ¡Que sepas que ahora te odio más que nunca!- anunció antes de levantarse para acudir en ayuda de Matt y excusarse en voz alta.- Matt no es como tú, él es capaz de ahogarse de verdad a propósito.

Corrió hacia el agua teniendo muy claro que por mucho que Matt se ahogara ya había tenido suficientes besos por el momento.

Near se levantó y volvió a su sombrilla pensando que, después de todo, el día de su cumpleaños no había sido tan horrible como había imaginado. La idea de ir a la playa había ofrecido muchas más posibilidades que la de quedarse todo el día haciendo un castillo de arena. Precisamente no recordaría aquel cumpleaños como el día en que logró hacer un castillo de arena gigantesco…

jueves, 26 de marzo de 2009

El tamaño no importa

Sumario: Near le cuenta a Misa las razones de la derrota de Kira, dándole una gran lección sobre subestimar a las personas sin conocerlas o sin saber precisamente sus firmes estrategias.

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Misa observaba fieramente al joven de cabellos blancos hacerse un gracioso bucle con sus dedos, no pudo soportarlo más y frunciendo los labios mientras cristalinas lágrimas caían de sus ojos color azul, comentó:

— ¿Cómo es posible que un mocoso como tú lograra vencer a Kira? —Misa tenía la rabia bien marcada en cada una de sus palabras— ¡Misa-Misa no lo comprende! —sus mejillas adquirieron un tono rosado y las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro incontrolablemente— Light-kun dijo que todo había acabado, ¡Él dijo que ya nada nos separaría!

Near sólo le dedicó una mirada carente de emociones mientras con sus pálidas manos comenzaba a formar una enorme torre de cartas; Misa no podía con el dolor que llenaba su corazón, el joven detective sólo la miró monótonamente, mientras se disponía a contestar a su cuestionamiento y al mismo tiempo completaba su rascacielos de naipes.

—Amane-san, le agradecería un poco de respeto hacia mi persona y al mismo tiempo le suplico que conserve la calma, no debe ponerse a gritar, es bastante molesto y sólo muestra su carencia de madurez —continuó mientras jugueteaba con el último naipe antes de completar exitosamente la figura de la torre Eiffel compuesta única y exclusivamente de naipes blancos— Logré vencer a Kira debido a que Yagami Light me subestimó.

— ¿Cómo que te subestimó? —inquirió completamente desconcertada, a lo cual Near simplemente comenzó a juguetear con sus pequeñas marionetas eligiendo la de Lawliet como la central y colocando la marioneta de Mello y la de él mismo detrás del legendario “L”.

Poco después de eso sujetó dos marionetas más, colocando la de Takada junto a la de Mikami, luego tomó la marioneta de “Kira” colocándola frente a las del tercer y el cuarto Kira.

—Te lo explicaré breve y conciso, trata de prestarme atención ya que no pienso repetírtelo dos veces —Near movió la marioneta de Kira y la marioneta de Lawliet una frente a la otra—. Como es evidente, Yagami Light se encontró con “L” y… —fue interrumpido por Misa, la cual simplemente dijo con tono infantil.

—Misa sabe que Ryuuzaki, L o cómo se llame tenía otro nombre, Misa quiere que dejes de utilizar ese seudónimo para referirte a él —Near ladeó la cabeza y Misa simplemente dijo lo que podía aumentar la credibilidad de su argumento—. Se llamaba Elle Lawliet, Misa lo sabe porque Light-kun se lo dijo poco después de que Rem lo asesinara.

—Si me permites proseguir con mis análisis te lo agradecería mucho Amane-san —Misa sólo ladeó la cabeza con gesto ofendido y Near lo interpretó como un “haz lo que quieras”, restándole importancia a esa acción prosiguió— Light venció a “L” usando el poder del cuaderno y con eso creyó que todos los obstáculos desaparecerían, pero en la casa Wammy nos enteramos de lo sucedido y eligieron a los más capacitados para sustituirlo —tomó un hondo respiro mientras colocaba las piezas de Takada y Mikami a ambos lados de Kira, pero al mismo tiempo colocaba la figura de Mello y la suya junto a la de L— Mello y yo fuimos los seleccionados para este trabajo, pero Kira al ver la diferencia de opiniones pensó que sería un trabajo muy fácil; no tomó en cuenta que antes de secuestrar a la señorita Takada Mello vino a verme —movió a Mello y a Takada al centro ante la mirada de una consternada Misa— Me comentó sus hallazgos y lo que tenía planeado hacer… Pero él estaba consiente que ya no seguiría con vida, sin embargo la información fue muy útil —Near quitó la figura de Takada y acercó la de Mikami y Kira a la de L— Puede que Yagami Light superara a L, pero no pudo superarnos. La razón es que Mello y yo trabajamos como un equipo; Light no esperaba que trabajáramos juntos, él sólo esperaba encontrarse conmigo y al ver que soy sólo un niño pequeño pensó que tenía la partida ganada.

—Pero es cierto, eres sólo un niño —comentó Misa golpeando el suelo fuertemente y haciendo que su torre Eiffel de naipes se desplomara en el suelo.

Near sólo vio la montaña de naipes caer ruidosamente en el suelo y mirando a Misa, inexpresivamente utilizó su figurita para tirar a Mikami y para finalizar su juego, usó la figura de Mello junto a la suya para derribar a Kira y poner a L detrás de ambos.

—Lo mismo que tú has dicho fue lo que propició la derrota de Kira —Near realizó otro bucle con su cabello—. Pensó que un adolescente no podría detenerlo ya que era una de las pocas personas tan poco racionales que aún creía en la filosofía antigua, le faltó entender que no todo es lo que parece —su discurso aún no había terminado, sujetó la figura de L frente a su rostro y prosiguió—. Para Kira, Elle Lawliet era el peligroso, simplemente por que lo consideraba a su nivel, pero piensa… ¿Crees que Kira se tomaría enserio a un par de jóvenes que intentarían cazarlo después de la muerte de L?

— ¡Claro que no! —gritó Misa, era imposible creer que alguien se tomaría enserio a dos niños.

—Pero nos subestimó y creyó que tenía la partida ganada —Near simplemente continuó jugando con su cabello—. Debió aprender mientras que convivía con L… que el tamaño no importa.

—No te entiendo —Misa tenía muchas preguntas rondando su cabeza y sin más Near continuó su relato.

—Las hormigas pueden cargar el doble de su peso y no morir aplastadas, ese es un gran ejemplo de fortaleza y si ignoras el pequeño tamaño que poseen son criaturas formidables —Misa comenzó a comprender y Near no pudo evitar preguntarse ¿Cómo era posible que existiera alguien tan tonto?— Teniendo este ejemplo como base, es posible que un pequeño niño con un coeficiente intelectual superior al promedio pueda vencer a un adulto con el mismo coeficiente intelectual de alguien superdotado.

—Déjate de rodeos Near —Misa comenzaba a perder la paciencia y antes de que derribara otra de sus preciadas construcciones de naipes Near explicó en pocas palabras algo que se había omitido en la conversación.

—Yagami Light nunca aprendió una gran lección —el joven de cabellos blancos se levantó de su asiento y caminó hasta el lugar donde antes se encontraba su figura de la imponente torre ubicada en Paris intentando reconstruirla nuevamente con sus naipes—: nunca debes subestimar a tu enemigo…

martes, 24 de marzo de 2009

Éxodo

Sumario: Naomi Misora. Se suicida en un lugar donde nadie encuentre su cuerpo. Donde nadie vaya jamás a buscarla, y a recordarle que les falló.

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¿Por qué estás caminando tan deprisa¿Estás apurada? Eso es irónico.

No te desgastes, llegarás a tiempo.

Yo te aconsejaría reducir tus pasos, disfrutar la sensación del aire entrando a tus pulmones, porque no te durará mucho.

¿A dónde quieres llegar? No habrá nadie esperándote. Nadie que te recuerde. Nadie que piense en ti.

Nadie te encontrará, Naomi.

Ni una sola persona sabrá que estás pudriéndote en algún lugar de la ciudad. Y aunque lo supiesen... ¿Realmente piensas que les importaría? Podrían correr la misma suerte.

¡Qué generoso hubiese sido asesinarte de un ataque al corazón!

Así, él y tú hubiesen muerto de la misma forma, por la misma mano.

¿Sientes remordimientos¿Culpa, quizá?

Lo tenías delante de ti, estúpida, sonriéndote. Y tu vas, y hablas. Él estaría tan decepcionado. Tal vez aliviado de haber muerto antes de casarse contigo. Imagínate, casarse con una mujer tan imbécil.

Ibas por buen camino, y lo estropeaste en el último segundo. Inútil.

Has decepcionado a todos los que te rodean.

¿Qué¿Vas a llorar?

No pierdas el tiempo, la decisión que tomaste es la correcta.

Al menos Kira estará complacido.

Kira, Yagami Light, L, Raye.

Es una lástima, de verdad. Estabas a pocas cuadras de la estación de policía. L está en el mismo país. Podrías haberle sido de ayuda. Tienes las pruebas. Sabes quién es Kira. Pero se ve que contigo no se puede contar dos veces.

Lo que te falta es la voluntad para vivir. Ahora que Raye está muerto, y tu has demostrado no servir para nada, sólo te queda una salida.

¿Él tenía razón entonces? Demostraste que pasarte días investigando fue fútil. Debiste haberte quedado en casa, volver con tus padres.

Tus pasos dejan de escucharse. Tus manos son largas, no tiemblan. Finísimas.

El nudo es corredizo, y se desliza con elegancia, con sensibilidad, por una voluntad que no es la tuya.

¿O si?

¿Segura que no quieres retrasar el momento un poquito más?

¿No?

Entonces salta, Naomi, siente la opresión, la desesperación.

Siente la vida escurrirse.

Siente desvanecerse la conciencia.

De todas formas, no volverás a verlo.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Justicia

Fandom: Death Note

Sumario: Las motivaciones pueden llevar a la gente a cumplir sus ideales y metas sin importar que el precio sea cobrar vidas humanas.



Desde que tengo uso de memoria, yo siempre he vivido una vida recta.

Mi madre me enseñó como a cualquier otro niño que en la vida hay cosas malas y cosas buenas. Cosas que están bien y cosas que están mal. Que las personas buenas tienden a respetar a las demás, a ayudarlas y a protegerlas; mientras que las personas malas solo se interesan en sí mismos, destruyen y no piensan en las consecuencias que perjudicaran a los otros e incluso llegan a sentir placer en el sufrimiento ajeno. Y me dijo, que si todas las personas del mundo fuéramos buenas, el mundo sería un lugar mejor. Que lo ideal sería que todos pudiéramos aprender que es bueno y que es malo, para así evitar hacer lo que es malo y siempre hacer lo correcto. De hecho, diferenciar lo bueno de lo malo no es difícil. Y es por eso que yo también, podía ser una persona de bien.

Le pregunté entonces, porqué había personas malas si lo mejor para todos sería que todos fuéramos buenos. Ella me dijo que ser una persona de bien no es fácil, pues a veces se requiere de sacrificios e incomodidades para poder hacer lo que es correcto algunas veces.

Desde pequeño, me hice a la idea de que siempre sería una persona de bien, y que alentaría a los que estuvieran a mi alrededor a que ellos también quisieran ser buenos. No obstante, siempre noté que la mayoría de los niños de mi edad, preferían ser malos. Les gustaba abusar de aquellos que eran más débiles que ellos, y encontraban placer en ello. Darme cuenta de eso me hacía perder las esperanzas y creer que tal vez el ser una persona de bien no bastaría para cambiar tu entorno. Nuevamente, le pregunté desconsolado a mi madre si las personas malas siempre serían más que las buenas. Y llorando le expresé mi tristeza por ello. Ella me contestó:

“No llores… si bien es cierto que hay muchas personas malas, eso no significa que las personas buenas tengan siempre que sufrir por su culpa. Pues tarde o temprano, todas las personas que le hagan daño a los demás serán castigados, y así, dejarán de lastimar a los demás. A eso se le llama, Justicia.”

Justicia… mi madre me dijo que el proteger a las personas inocentes y castigar a las personas que deliberadamente hicieron algo malo, es hacer justicia. Y que así como hay muchas personas que hacen cosas malas, entre las personas de bien también están aquellas que se dedican a proteger a los débiles y a hacer que las personas malas reciban su castigo. Que las personas que se dedican a ello se les conocen, como justicieros.

Un justiciero. A mi corta edad quedé fascinado con la explicación simple y agraciada de lo que es un justiciero. Tanto, que desde ese entonces, me propuse no solo ser una persona de bien. Mi propósito de ahora en adelante también sería proteger a las personas buenas de las atrocidades de la gente egoísta y perversa, para que así ellos puedan sentirse libres de ejercer una vida recta sin el temor de ser atormentados por los inicuos.

Pero esos deseos y fervores no eran más que buenos y sinceros pensamientos que tuve en los días de mi infancia. Porque hasta donde yo recuerdo, yo siempre me tuve que esforzar enormemente para hacer lo que estaba correcto. No solo me esforcé por ser el mejor de mi clase, sino que además, siempre me preocupaba por guiar a mis compañeros por el camino recto. Haciendo conciencia en ellos, predicándoles con el ejemplo, mostrándoles lo importante que era que todos viviéramos en armonía y respetando los intereses del prójimo. Ayudarnos los unos a los otros. Tristemente, a la mayoría de mis compañeros de clase no parecía importarles todo eso. Simplemente parecía que solo eran niños egoístas que únicamente les interesaba su beneficio propio. Y que además hallaban placer en atormentar a los que a diferencia de ellos, respetaban a sus demás compañeros y trataban de ser buenos. Yo no soportaba ver tales actos de maldad. Que el justo sufriera a merced del inicuo era sumamente desalmado. Era por eso que jamás me quedaba de brazos cruzados ante la maldad de los abusivos. Aún cuando el número de niños abusivos me superaban por mucho, yo los enfrentaba. Ver que la mayoría del salón permitía que los abusivos agredieran a un prójimo, ya fuera por temor o simple indiferencia, me causaba algo de decepción. Aún así, yo nunca me rendía y defendía a cualquier compañero de mi clase. Si yo no lo hacía, tal vez nadie más lo haría. A final de cuentas, parecía que la maldad por lo regular terminaba por vencer al bien, y los abusivos terminaban por herir a sus victimas sin importar mis esfuerzos para evitarlo. No obstante, mis esfuerzos no eran en vano. Aún cuando no conseguía proteger a mi compañero, él podía apreciar de corazón aquel noble gesto, y con un fraternal “gracias” suyo, sentía como mis esfuerzos no habían caído en saco roto, pues le había demostrado que aún existen personas en este mundo que están dispuestas a luchar contra el mal y defender al débil.

Me dediqué de todo corazón a dar justicia, protegiendo al débil y luchando para que el ruin obtuviera su castigo. Sabía perfectamente las consecuencias que esto traería. Que aquellas personas que se dedicaban a abusar de los otros voltearían hacia mí y me verían como su enemigo. Que todos ellos me verían como una amenaza y tratarían de doblegarme. Pero no estaba solo. Mi madre me dijo que aquellos que luchan de corazón por defender al débil y prevalecer la justicia, serían reconocidos y apoyados por las personas de bien y por Dios mismo. Y así, teniendo a la justicia y a Dios de mi parte, logré encabezar en varias ocasiones a mis compañeros, para así confrontar a aquellos malhechores que gustaban de aprovecharse de los que eran más débiles. Como había estipulado, el número de enemigos fue creciendo, y cada vez ellos me veían más como una amenaza. Su odio hacia mí los llevaba a tratar de hacerme claudicar de mi ideal, pero por más que ellos se arremolinaban en contra mía. Yo seguía firme en mis convicciones. Yo permanecería firme y seguiría ayudando a las personas de bien.

Pero ese tan solo fue mi pequeño mundo de niño. En realidad, no comencé a ejerce realmente el rol de un defensor de la justicia hasta después de haber entrado en la secundaria. Allí tomé el papel de monitor estudiantil y me dediqué a reportar y prevenir los abusos y crímenes con más seriedad. El número de personas que se ponían en mi contra se fue incrementando. Pero lejos de intimidarme, yo tenía la esperanza de que algún modo mis esfuerzos siempre seguirían marcando una diferencia a favor de la justicia. De alguna manera, podía sentir como era observado y reconocido por Dios, y que él no pasaría por alto mis esfuerzos y me tendería una mano para proteger a los de buen corazón. Aquellos que se oponían a mi ideal continuarían haciéndome frente. Ellos me superaban en número, e incluso a la hora de encararlos, las personas a las que yo había defendido de ellos preferían darme la espalda y me dejaban luchando solo. No es que yo los hubiera defendido esperando alguna vez retribución de su parte, pero me entristecía el ver como esta sociedad era capaz de clamar justicia y paz sin estar dispuesta a luchar con todas sus fuerzas para lograrlo. Sin sacrificios no hay recompensa. Sin esfuerzos ni sacrificios la justicia no bajaría del cielo.

Como era de esperarse, hubo ocasiones en que terminé gravemente herido y humillado por haber luchado solo contra aquellos que se disponían a vivir de manera corrupta. Dichas peleas me hacían dar cuenta de algo. Lo que mi madre me había advertido desde hace tiempo atrás era cierto. Es más fácil sucumbir ante los deseos de egoísmo. Los humanos dispuestos a ser rectos y vivir en armonía si son atacados por los corruptos, pueden llegar a peder la fe y renunciar a la eterna lucha que implica mantenerse en el camino recto. Cuando sentía los golpes de aquellos vandalos sobre mi cuerpo, era más el dolor sentía en mi corazón por pensar en lo corrompidos que ellos estaban por dentro,y que tal vez ellos se volvieron corruptos debido a que alguna vez también recibieron esa clase de golpes.

Pero… ¿Entonces cómo era que yo a pesar de todo me mantenía en el mismo sendero…? Los humanos tenemos la oportunidad de elegir, y siempre podemos elegir en hacer lo correcto. Sufrir no es un pretexto para volverse inicuo. Y es por eso que tal vez uno no deba sentir pena ni piedad por los que han caído en el abismo de la maldad.

Ni mucho menos, permitirles que siguieran corrompiendo a los otros.

En aquel entonces, mi madre, la mujer que me había enseñado lo que es la justicia. La mujer que todo este tiempo me estuvo alentando a llevar una vida recta. La mujer que me enseñó que la paz no se llega sino a través de sacrifico y lucha, que uno nunca debía claudicar ante la maldad. Que los malos solo gobernarían sobre los débiles si toda la gente dejaba de luchar contra ellos. Ella… en un acto egoísta en el que solo quería que yo me mantuviese a salvo aunque mis demás compañeros siguieran sufriendo, me reprochó mis esfuerzos y trató de desalentarme diciéndome que al final, todos mis esfuerzos serían en vano.

“¿Qué intentas demostrar…? Pareces un tonto luchando tú solo. Jamás conseguirás nada y solo provocarás que te hagan daño…”

Ella no comprendía que yo sería incapaz de permitir que una injusticia se diera frente a mí sin que yo luchara contra ella. Que el dolor que yo sentiría si consintiera esa clase de abusos sería mil veces más grande que las heridas que ellos pudieran provocarme. Yo traté de hacérselo entender. Pero lejos de escucharme, mi madre consideró que lo que hacía no solo era en vano, sino también que carecía de sentido y que parecía una tontería defender de corazón los ideales que ella misma me había inculcado. Ella me prohibió rotundamente que luchara por los ideales que ella misma me había inculcado y motivado a defender. Ella no fue justa conmigo. Mi madre no se conmovió ante mis esfuerzos y buenas intenciones. Aún cuando ella me había enseñado lo que es correcto e incorrecto, ella ahora estaba ciega por su egoísta amor de madre y solo pensaba en protegerme a mí, aun cuando mi deber era también ver por la seguridad de los demás. No. Ella ya no era la misma mujer recta que me había inducido por el camino del bien. Tal vez nunca lo fue. Tal vez solo lo aparentó. Esa, fue la decepción más grande de mi vida.

¿A caso todo lo que me había dicho en aquel entonces era mentira…?

Todo parecía incierto. Parecía que solo un milagro me ayudaría a continuar con mi contienda de proteger al justo y evitar que los corruptos doblegaran a los demás al camino del mal. Con aquel grupo de vándalos que tenían aterrorizada a toda la clase y con mi madre que me había dado la espalda y ya no me permitiría hacerles frente, solo podía haber quien pudiera ayudarme.

Dios.

Porque Dios siempre ha de ayudar al justo en su cruzada y siempre ha de mantener las tinieblas a raya.

Y si Dios desea que todos los humanos seamos justos, Dios ha de apoyar y observar con buenos ojos a los que luchen por el mismo propósito.

Y si yo soy una persona de bien, y Dios ayuda al justo cuando este suplica su ayuda. Dios tarde o temprano debería de ayudarme.

A pesar de que mi madre me había dicho que Dios me ayudaría a hacer justicia, yo nunca quise pedirle ayuda a Dios. Sin embargo, tal vez la hora de que Dios me ayudara había llegado. Porque si en algún momento habría de necesitar su ayuda, ese momento había llegado. Era precisamente en ese momento que necesitaba una prueba de que las palabras de mi madre acerca de la justicia eran ciertas y correctas. Una señal de dios bastaría para rectificarlo. Y Entonces, Dios hizo el milagro.

El grupo de delincuentes de mi clase, robaron un automóvil para salir a cometer atrocidades por toda la cuidad. Creyeron que como siempre, su crimen quedaría impune. Pero esta vez no fue así. Finalmente, Dios los juzgó. Sufrieron un accidente fatal que cobró sus vidas y los eliminó. Ellos murieron. Pero no solo ellos. Su crimen también tomó la vida de otra persona. La persona que también fue eliminada, fue mi madre.

Al principio, mi corazón se llenó de miedo y dolor. Mi madre había muerto por culpa de ellos. Mi madre no merecía morir también. O quizás… Si realmente esto fue obra de Dios, él debió haber tenido sus razones para hacerlo. Mi madre había resultado no ser una mujer tan justa. Y así como la muerte de aquellos alumnos había devuelto por completo la paz no solo a mi salón sino a toda la escuela, en cierto modo la muerte de mi madre me había brindado nuevamente la oportunidad de seguir defendiendo mis convicciones.

¿Acaso Dios hizo esto para ayudarme?

¿Acaso esto lo hizo para demostrarme que mi lucha era justa y que no debía dudar?

¿Acaso Dios concedió mis deseos?

Todas las personas que había encontrado un obstáculo en mi lucha por la justicia habían sido eliminadas de un solo golpe. ¿Realmente se trataba de una coincidencia? O será… ¿O tal vez será que Dios escuchó mi suplico y accedió a ayudarme, pues vio que realmente yo no poseo maldad en mi corazón y mis intenciones de proteger al débil del injustos son correctas y nobles ante sus ojos? Esto no podía ser una coincidencia. No podía serlo. Yo había deseado fuertemente y en el fondo de mi corazón que las personas que se interponían en mi camino se borraran, y Dios las eliminó. Definitivamente Dios me había ayudado.

De ser así, el mensaje que Dios me había mandado estaba más que claro: Yo debía continuar sin importar lo que pasase por el camino que yo había elegido. Aquello en lo que siempre había creído era correcto y Dios quería ayudarme a seguir sin importar lo que pasase. No podía defraudar a Dios. Yo debía corresponderle y seguir protegiendo a la justicia. Continué dedicando mi vida a luchar contra la maldad que encontraba a mi paso.

Y no pasó mucho tiempo para darme cuenta de algo: El hombre con el tiempo tiende a dirigirse hacia el camino de la maldad, y las personas de bien que son atormentadas por aquellos corruptos, tarde o temprano iban cediendo hasta volverse también inicuos. Lamentablemente esto parecía no ocurrir al revés. Era indiscutiblemente más factible que una manzana podrida corrompiera a una sana que esta le quitara lo podrido a la otra. La maldad era entonces como un defecto que una vez adquirido era casi imposible de eliminar en un ser humano una vez que este se adueñaba de él. Para mantener a raya la maldad de los justos era necesario entonces, mantener a raya el injusto del justo. Esto era fácil de comprender. Las prisiones eran el más claro ejemplo de esto. La única manera de evitar que los justos se pudrieran era haciendo a un lado a los que ya habían caído. Pero… ¿realmente esto era posible…?

Estaba decidido. Yo dedicaría mi vida en cuerpo y alma a luchar contra la injusticia y a proteger el débil del corrupto. Fue por eso que entendí que mi destino era estudiar la carrera de leyes y así adquirir los conocimientos necesarios para discernir más a detalle la línea entre justicia e injusticia y ayudar a resguardarla. Un Kenji, es quien tiene el trabajo de perseguir y castigar a los criminales que acometen contra el inocente en nuestro gobierno. Se puede decir que un Kenji tiene un trabajo parecido al de Dios. Si yo realmente quería ayudar a Dios a salvaguardar la justicia y proteger al débil, esta carrera era la opción más cercana a mi propósito. Yo emularía a Dios lo más posible. Yo seguiría el ejemplo de Dios.

Como dato curioso de mi vida. A lo largo de ella, siempre que volteaba hacia una persona y yo sentía de corazón que el mundo estaría mejor sin ella, ocurría que esta persona era eliminada. Y más asombroso aún, mi presentimiento no estaba equivocado. Esa persona al ser eliminada, garantizaba una mejor vida y paz hacia una gran cantidad de personas que estaban involucradas a él. Yo de antemano lo sabía, más jamás esperaba que justo cuando yo concluyera eso la eliminación se daría en aquellos sujetos.

¿Coincidencia…? ¿O acaso un milagro…?

¿O acaso… todo esto era obra de Dios…?

¿En realidad mi pensamiento no tenía nada que ver y era Dios quien hacía estas eliminaciones?

O será qué… ¿Yo era alguien cuyo discernimiento entre lo justo y lo injusto era tan elevado que había alcanzado una alta similitud con el de Dios…? ¿Yo era capaz de saber que vidas eran necesarias eliminar para salvaguardar las vidas de los demás?

Esto no podía ser una coincidencia. El numero de personas a las que yo creía era necesario eliminar y Dios eliminaba ya habían llegado a nueve. Si realmente mis esfuerzos habían dado fruto y ahora era capaz de discernir con facilidad que medidas eran necesarias para impartir la justicia, entonces podía confiar en mí mismo y en que Dios siempre estaría de mi lado. Que indudablemente era capaz de ayudarle a Dios a eliminar la maldad.

Di siempre todo lo mejor de mí, nunca fui corrupto. Yo hacia mi trabajo por convicción y pasión y no por compensación alguna como la mayoría de las personas. Realmente sentía que con mi vida se estaba marcando una gran diferencia a favor de la justicia. No obstante, yo sentía que esto no sería suficiente para cambiar las cosas. Por mucho que mi conciencia me dijera que yo estaba haciendo más que la mayoría para promover la justicia, yo sabía que erradicar por completo la maldad aún estaba muy lejos. Pero jamás me rendiría. Pues sabía que Dios me había encomendado esta labor y me había demostrado ayudándome cuando más lo necesité que jamás debería rendirme. Así que seguí adelante, ejerciendo dentro de mis límites humanos, la justicia.

Pues la justicia aunque sea divina, es para los humanos y Dios nos usa a los humanos para impartirla en la tierra.

Y un día, ocurrió otro milagro…

Dios nuevamente reconoció mis esfuerzos y bajó personalmente a la tierra a ayudarme.

Esto no era una coincidencia. La gente corrupta estaba siendo eliminada con mano de hierro y la sociedad estaba empezando a purificarse. Finalmente Dios decidió tomar cartas en el asunto y comenzó a hacer eliminaciones como siempre las había hecho. Solo que esta vez él no se detendría hasta limpiar el mundo por completo. Dios pudo ver en mí la sinceridad de mis intenciones y bajó personalmente a nuestro mundo, y no descansaría hasta que la justicia venciera a la maldad.

Dios siempre tuvo mis ojos sobre mí, pero ahora más que nunca era necesario mostrarme ante él y confirmarle que sin importar lo que ocurriera, yo continuaría a sus órdenes como siempre lo he estado.

Ya se había probado que yo tenía la capacidad de juzgar al mismo nivel y criterio que Dios. Y Dios debía saberlo. Entonces presentarme ante él y demostrarle que yo estaba dispuesto incluso a más era mi prioridad. Así lo haría… y así fue…

Y fue entonces que el más grande de todos los milagros ocurrió…

Dios me reconoció como el único ser humano digno de portar su poder para juzgar al corrupto como él. Él sabía claramente que poseía un criterio tan elevado como el suyo y me encomendó un gran poder que no debería poseer un simple mortal. Pues confiaba profundamente en mí, y sabía que mi discernimiento de justicia casi tan perfecto como el suyo me hacían digno portador de su juicio divino.

Dios me ha elegido de entre todos los mortales. Decidió que si alguien era capaz de ayudarlo a erradicar la maldad que tanto tiempo había corrompido al mundo. De ahora en adelante ya no sería solo un servidor de la justicia. Ahora yo sería la mano de Dios. El objeto por el cual la justicia de Dios se manifestaría en el mundo. Dios me había pedido ayuda y confió únicamente en mí… me concedió el permiso para ser junto con él la justicia.

La justicia…

La justicia es sin duda separar lo corrupto de lo íntegro.

La justicia es diferenciar con claridad que es lo que sirve y no sirve. Lo podrido de lo indemne y eliminar los rancio para salvaguardar los sano.

Y eso es lo que haría, sin importar las consecuencias, aún de ser necesario entregar parte de mi vida, yo lo haría. Pues mi vida siempre le perteneció a la justicia. Mi vida y mis sacrificios habrían de traer justicia al mundo. Dios reinaría y traería justicia al mundo. Yo mismo entregaría mi vida y tomaría cuantas vidas fueran necesarias para lograrlo. Porque a final de cuentas solo los justos que están dispuestos a dar su vida por la justicia, son los que merecen vivir, y sin embargo sus vidas habrán de dar por la justicia. A cualquier precio la justicia debía eliminar a la maldad.

Dios así lo había mandado. Y Dios es la justicia.

La justicia a la que desde niño yo siempre me entregué en cuerpo y alma.

lunes, 16 de marzo de 2009

¿Demonio?

Fandom: Death Note

Sumario: A Mikami le da igual si Kira es considerado un demonio. Al final la salvación estará con él.



Mikami sabía que matar no era bueno, eso era algo que hacía la gente mala siguiendo su naturaleza maligna. Así como aplastarle la cara a un niño de anteojos, pálido y raquítico, sólo por la seguridad de que él no tenía la fuerza para defenderse.

Es por eso que llevaba con orgullo el cuaderno negro bajo el brazo, y sufría casi un espasmo de puro placer al escuchar la voz de su dios para indicarle un nuevo nombre o una misión. Él mataba por una meta más elevada que fastidiar, más noble que creerse un rey que puede golpear a quien se le antoje.

Y todo gracias a su dios oscuro. Oía las palabras relativas a Kira en las noticias y en ocasiones deseaba lanzar una carcajada por la ingenuidad de sus declaraciones. “El valor de la vida es infinito”, decían continuamente. ¿Y qué hay de aquellos que amargan la vida a los otros, que sólo son un lastre para la sociedad? ¿Esos también tenían valor?

El timbre de su teléfono suena y Mikami sonríe de anticipación antes de ver el número en la pantalla azul. La voz que le habla es suave y femenina, elegante como la de cualquier dama de buena educación, y en palabras calmadas le dicta los nombres de unos nuevos reclusos culpados de robo a mano armada. Se despiden como siempre, Mikami apenas conteniéndose de la emoción.

Levanta el mando para apagar la televisión, riéndose entre dientes al escuchar a una mujer llamando a su trabajo, demoníaco; y a su dios, infernal. ¿Qué importaban las etiquetas de ángeles o demonios en esa basura que llamaban mundo? ¿Un ángel es libre de apuñalar a su madre, un demonio es incapaz de razonar?

Kira era un demonio, el diablo, no importaba. Si querían pensar que la felicidad eterna era maligna allá ellos, no vivirían para contemplarla.